Ángel Gustavo Rivas con Ángel Teodoro Rivas en brazos el 19 de septiembre de 2017 en Ciudad de México

Sismo de 7.1°, 19 de septiembre de 2017. Minicrónica personal | Ángel Gustavo Rivas

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Así vivimos el sismo de septiembre de 2017

Aquí estamos Teodoro y yo el día 19 de septiembre de 2017, a las 15:13 horas, poco menos de dos horas después del tremendo sismo de 7.1° que movió la Ciudad de México y que tantos edificios tiró a las 13:40 horas.

En el momento del sismo yo me tomaba un café en Coffee Depot, en avenida Chapultepec 490; mientras llevaba la taza a mi boca, sentado en un cómodo sillón, el suelo empezó a moverse sin previo aviso, luego de seguir como si nada por un segundo o un segundo y medio, terminé por notarlo y «está temblando», dije, entonces nos paramos y salmios a la calle. Ya desde el camellón de avenida Chapultepec, pude ver cómo tronaban y se hacían trizas los cristales de la pieza donde unos segundos antes sostenía la taza; pude ver también cómo se movía el edificio de al lado del Coffe Depot y me pareció que inevitablemente caería, vi separarse por las juntas los bloques de las paredes, «se va a caer el edificio», dije yo; y luego, del lado derecho, donde en otro edificio algo cayó en la planta baja, vi salir de entre el polvo a una mujer de rostro oriental -quizás coreana, quizás japonesa- con dos niños de la mano, corriendo torpemente y llorando. Justo en ese momento, empecé a correr hacia la guardería donde estaba mi hijo, la cual se encontraba ubicada sobre la calle Río Guadalquivir en la colonia Cuahutémoc. Todo esto pasó en brevísimos, poquísimos segundos. La alerta sísmica se activó después del desastre, no antes como suele suceder.

El camino fue un poco complicado, ya las calles estaban llenas de gente y de los edificios más altos seguían aún bajando personas, sobre avenida Paseo de la Reforma había numerosos casos ya de gente con crisis nerviosa y un olor bastante fuerte a gas. Alguien por allá gritaba «¡No prendas el cigarro! ¡No prnedas el cigarro!», alguien por acá recomendaba y pedía «¡No prendas tu moto, por favor!»; por la calle ya no era posible la circulación de autos, todo estaba lleno de gente, las más desorientadas, algunas temblorosas, otros aún nos manteníamos en calma; pero ante las escenas del desastre yo empecé a preocuparme más por llegar pronto a recoger a mi hijo, no había dejado de correr y ya sentía no sé qué cosa en la garganta porque no estaba en buena forma física para correr de una tirada tantísima distancia, pero hice el esfuerzo lo mejor que pude para llegar lo más pronto posible.

Al llegar a la guardería me sorprendió la calma y el control, me sorprendió gratamente, desde luego. Las maestras hicieron un trabajo excelente, no había ningún niño asustado. Me entregaron a mi hijo, lo tomé en brazos y volví hacia Reforma. Estuvimos un rato por el Ángel, pero el olor a gas ahora era más fuerte, así que me moví de nuevo hacia Chapultepec, tomé la calle de Varsovia y justo por la mitad de la primera cuadra, donde está le IPAB, el olor a gas estaba mucho más fuerte aún, los policías de la PBI que custodian el lugar permanecían ahí, y dijeron algo -no sé qué cosa- sobre las fugas de gas en el propio edificio, yo apuré el paso y llegué hasta Quill Idiomas, escuelita donde trabajaba como maesto de Español para Extranjeros, había dos profes extranjeros ahí, un holandés llamado Ralph y un inglés llamado Alex, estaban los dos bien tranquilitos como si no hubiera pasado nada y como si no apestara a gas tremendamente, por un momento intenté imitarlos, pero el olor a gas me hizo pensarlo de nuevo y mejor salí y los dejé a ellos con su vida normal allí.

Caminé con Teodoro hasta el punto de la foto, que es la misma avenida Chapultepec pero ya frente al metro Sevilla, cuyo edificio se ve a nuestras espaldas. Habíamos pasado al as tiendas Oxxo y las del Seven, pero todas habían suspendido sus servicios, en la esquina de Chapultepec y Toledo, sin embargo, una tienda de abarrotes hacía su agosto y allí compré agua y las galletas cuyo chocolate puede verse en las comisuras de los labios de mi hijo en la foto.

Desde ese punto pudimos ver también cómo salía un tremendísimo chorro de gas, que parecía de agua, de un tanque estacionario enorme en la azotea de un edificio, el más alto, ubicado en la cuadra de Londres entre Praga y Varsovia, más tarde vimos la pequeña figura d eun bombero rodeando el tanque, sin que la salida de gas se detuviera ni se disminuyera.

Después, ya no recuerdo bien qué cosas hice, pero yo creo que debo haberme ido caminando a la casa, porque los transportes públicos dejaron de funcionar.

Yo vivía por aquel entonces en un cuarto piso den la colonia Daniuel Garza, relativamente cerca. Cuando llegué a la casa, vi que como máximo daño había unas cosas en el suelo, que se cayeron de su lugar, ni grietas tuvo el edificio ese.

Al día siguiente, Teodoro jugando sobre un sillón cama en la sala, repetía inocentemente, «Alerta símica, alerta símica», «así que ahí vienen los simios», pensé, y le di una bola de besos al marrillo juguetón y simpaticón y hermoso 🙂

Después supe por una maestra que en el edificio mismo de la guardería, que era una casa de dos plantas nada más, la cosa no había sido tan intensa, pero que del edificio de al lado, que sí tiene como unos diez o doce pisos al menos, ella vio que caían cosas, bloques o ladrillos o sepa qué, y que sintó miedo, se asustó, pero logró mantenerse bajo control y seguir con su protocolo para el caso. La verdad, repito, creo que hicieron un gran trabajo.

Luego de eso nos cambiaron a los niños de la guardería a un domicilio por la calle Río Grijalva, en la misma colonia Cuauhtémoc, donde ellas, las dueñas, tenían también al parecer un kinder.

El resto de la historia, en lo general, la vismo por las noticias, en periódicos y noticieros, y por las redes sociales, los daños y el número de persons que perdieron la vida fueron grandes.

El edificio de junto al Coffee Depot sigue en pie, deshabitado desde entonces. Ojalá lo derriben pronto, porque es un peligro latente.


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Once sonetos de _Loca esperanza de la vida mía_, imagen alusiva: un libro abierto, sobre él un apluma de fuente, al lado, un libro cerrado, parado: Loca esperanza de la vida mía, de Ángel Gustavo Rivas

Once sonetos de Loca esperanza de la vida mía

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Sonetos de Loca esperanza de la vida mía 

Estos son los once sonetos que forman parte del poemario Loca esperanza de la vida mía, poemario con que Ángel Gustavo Rivas obtuvo el Premio Interamericano de Poesía Navachiste 2018 y que fue publicado más tarde por el Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC).

Los sonetos están dentro del libro formando parte de dos secciones diferentes, dos de las cinco secciones en que el libro está dividido, y no se encuentran numerados como se presentan aquí. Aquí, sin embargo, he decidido numerarlos para fines de fácil y rápida identificación, la numeración atiende al orden de aparición que tienen en el libro.

Soneto 1 

Loca esperanza de la vida mía
loca esperanza que nunca termina
loca esperanza que siempre camina
que si no encuentra inventa una vía.

Fiel compañera de mis pensamientos
discreta amada de mi alma coqueta
loca y reloca mas siempre discreta
mi proveedora de nuevos alientos.

No me abandones ni me dejes nunca
contigo adentro mi pecho va henchido;
si tú me faltas mi vida está trunca;

sigue en mi pecho cual ave en su nido.
Si no tuviera una esperanza loca
qué triste fuera mi vida barroca.  

Soneto 2 

Ayer posó una máscara en el día
y la tarde estaba de otro modo
pasó la sombra retocando todo
pero, cosa extraña, nadie la veía.

Siguió partiendo carne el carnicero
siguió con su silbato el policía 
siguió barriendo el hombre que barría
siguió mano estirada el limosnero. 

Hoy temprano ha pasado onda de luz
hoy el día tiene una sonrisa enorme.
Sigue el hombre cubierto en su capuz

sin que luz y sombra en nada le asombre.
Ten cuidado, me dice el corazón
de a ser parte pasar de ese montón.  

Soneto 3 

Por los enojos de la vida diaria
por las tristezas de la dura vida
o el cansancio de andar una subida
o la pobreza de una hora precaria

no dejes nunca dominar tu alma;
mantente siempre firme con tu fuerza
sigue de frente, nunca de reversa
mantén en el ciclón siempre la calma;

tus pasos van a una alegría segura
porque tu amor en tu camino has puesto
y siempre de cualquier fracaso cura

pensar y estar a la sonrisa presto.
Pensar con claridad y ser honesto.
Amar a la razón y a la locura.  

Soneto 4 

Todos los días yo quisiera escribir algo
pero me alcanza el deseo a desear tan solo
me sube y me baja del uno al otro polo.
Del centro de mí ya me meto, ya me salgo.

Y escribo mis sonetos de métrica variable
y escribo verso libre que libertad no alcanza
(quisiera echar en versos este dolor de panza)
quisiera con poemas lograr estar estable.

El sol avanza pronto y el mundo gira y gira
y cada cosa es ojos con que algún dios me mira
me mira y no me ayuda, me mira y no me asiste

por eso a veces pienso que en realidad no existe.
Mas soy un hombre con fe, con fe en la poesía
por eso mis poemas intento cada día.

Soneto 5 

Quiero y no quiero escribir un poema,
quiero y no quiero decir lo que siento,
sé sin embargo que al callar me miento
y así me encuentro en terrible dilema.

Qué dura cosa saberse mortal, 
qué doloroso poseer conciencia
la parte mala de la humana ciencia,
de nuestro anhelo de saber total.

Nunca podremos comprenderlo todo
nunca tendremos un saber completo
pero seguimos removiendo el lodo

por un impulso nonada discreto.
Y mientras tanto yo escribo estos versos
por no asumir en decisión esfuerzos.

Soneto 6 

SONETO

El soneto se usa para cosas
que son muy importantes en la vida
por ejemplo para declarar la herida
que causan las espinas de las rosas.

Aunque también para cosas menos duras
por ejemplo, yo quiero huevos fritos.
Sonetos para todo ya hay escritos
de manos pecadoras y de puras.

Sonetos pa decir que yo te quiero
sonetos para burlas y pa ofensas
sonetos que nos hablan de narices

sonetos que declaran cicatrices
sonetos para ataques y defensas.
Sonetos, para todo un sonetero.

Soneto 7 

Ya de volver estoy desconfiado
Garcilaso de la Vega

Yo me vine jurando regresar
(aun sin jurarlo lo doy por jurado
pues siempre regresar había pensado)
mas hoy empiezo desde acá a dudar.

Me da tristeza ver mi tierra en cuitas
tanta metralla mutilando gente
haciendo allí de sangre un lago hirviente
misas de muerto en iglesias y ermitas.

Hay mujeres llorando sus difuntos
al hermano al esposo al padre al hijo
todas rezando, en mano un crucifijo.

No sé si regresar al pueblo mío.
Mas allá siguen mis hermanos juntos
y me esperan igual que lo hace el río.  

Soneto 8 

Se me instala en el cuerpo tal cansancio
se me mete en la carne y llega al hueso.
Con mil dificultades me enderezo.
Me siento entonces, más que fresco, rancio.

Mas sigo en la batalla de este día
tratando de salir con la victoria
queriendo conquistar no sé qué gloria
tratando de vencer mi suerte impía.

Mas todo pareciera ser adverso
y nada pareciera de mi parte.
Tan sólo hay una cosa que me inspira

una cosa por la que me esfuerzo.
Y la tal cosa es el placer de amarte.
Tu mirada que con amor me mira.

Soneto 9 

Es vivir indigno el vivir con miedo
vivir indigno, triste y antihumano
ser indiferente al dolor humano
decir “no me atrevo” o decir “no puedo”

cuando es menester tender una mano
cuando es menester lanzarnos al ruedo.
El vivir digno reclama denuedo.
Vivir con temor ni siquiera es sano.

Defender lo justo es de la razón
emplear en ello fuerza y energía
las del espíritu, las del corazón.

Es efímera la vida del hombre
mas porque hicieron el mundo mejor
algunos, muertos, viven todavía. 

Soneto 10 

CONFESIÓN

Es difícil escribir y ser honesto.
Es difícil escribir y no perderse.
Uno trata de entender y de entenderse
mas revuelve algún aquél con algún esto.

Lo he intentado ya con rima, ya sin rima
escribiendo en el teclado, en las libretas
con figuras ya pomposas, ya discretas
y no logro ser limón, tampoco lima.

Cuando no me sale un ruido de la mente
es un ruido muy real de la vecina.
Se me mezclan el estudio y la cocina.

Soy a un tiempo pecador y penitente.
Soy un pobre aficionado negligente.
Soy un falso escribidor sin autoestima.

Soneto 11 

Una página más, ve paso a paso
no esperes ni te exijas más allá
mantente aquí contigo, ven acá
una página más, date un abrazo.

No caigas en engaños mundanales
da un paso tras el otro al caminar
no quieras más que escribes publicar
evita por amor errores tales. 
Ve y cómete mejor unos tamales
ve y tómate mejor una cerveza
elige el más pequeño entre los males

evítate dolores de cabeza.
Tú comprendes muy bien lo que te digo.
Yo sé, porque soy tú, qué onda contigo.


Muy bien, pues esos son. Si te han gustado, si alguno te ha gustado, no olvides compartirlo en los comentarios. Igualmente recuerda que puedes compartir esta publicación fácilmente en tus redes sociales, bastará con dar click sobre el icono de cualquiera de ellas en los botones que para ese fin aparecen antes y después de este artículo.

También te recuerdo que el libro Loca esperanza de la vida mía se encuentra disponible en su edición eBook en Amazon Libros.

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Gracias por tu visita y tu lectura. Quedo atento a cualquier comentario o mensaje.

Ángel Gustavo Rivas


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Relajarse, una opción ante el bloqueo creativo

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¿Un bloqueo creativo? Esto hago yo cuando tengo uno 

Ángel Gustavo Rivas

Hola amigos. ¿Qué tal? Bienvenidos una vez más a mi Jacalito Literario.

Hablemos de asuntos de la literatura, de asuntos de la creación literaria. Hoy veremos una posibilidad de respuesta ante un hipotético e indeseable caso de bloqueo creativo. Esos periodos de tiempo en que pareciera que las musas han decidido abandonarte y la creatividad en la creación artística parece inexistente, no surge por ninguna parte.

Y es importante la palabra «posibilidad», la frase «una posibilidad», porque por supuesto que no a todo mundo le resultará realmente útil, es normal, así pasa con todo, lo que a unos les funciona a otros no les funciona; lo que a uno le funciona a veces, no le funciona otras veces, y así. Somos diversos y diversas son y serán las maneras en que podamos trabajar mejor. Cada quien, recuerde, deberá ir encontrando las formas, herramientas y estilos convenientes para sí mismo, para el desarrollo de su propio trabajo. Aquí y ahora veremos, pues, una opción, una forma posible de enfrentar y afrontar el bloque creativo que como escritores podemos padecer de vez en cuando.

Esta situación siempre es indeseable, pero a veces, cuando el periodo se prolonga demasiado, puede llegar a ser incluso desesperante y frustrante, desalentadora y dañina. Por eso, estar preparados es algo conveniente, pues casi es seguro que en algún momento un periodo de estos aparecerá. 

Lo que quiero hacer es simplemente compartir una brevísima reflexión, una brevísima conclusión a la que he llegado yo con respecto a los momentos en que a quienes escribimos se nos dificulta, se nos niega, se nos bloquea la capacidad de escribir, de producir un texto, un poema, un cuento, un mensaje o lo que sea que escribamos. 

Es común ver casos —y es mucho más fácil ahora por las redes sociales, incluso en personas que no conocemos personalmente— en que escritores se conflictúan, vaya, se preocupan, se mortifican, cuando les llega un período de esto, un periodo de bloqueo en que a lo mejor no te sale un buen poema, no te salen unos buenos versos, no te sale ni siquiera un mal poema, no te salen, no puedes escribir porque tienes una especie de bloqueo.

Yo personalmente he optado por no luchar contra eso, por lo tanto, ¿qué es lo que yo aconsejo ante un periodo de bloqueo cuando no puedes escribir? No escribas.

¿Qué te aconsejo hacer? No hagas nada, no escribas; tú sigue viviendo la vida; tú sigue viviendo la vida porque la vida es para vivirse mejor, como dice la canción. 

Yo creo que de lo que se trata es de pasarla bien, de estar bien. Si uno escribe porque escribir le gusta, porque le apasiona, porque la literatura le ha encantado y es a lo que uno desea dedicarse, entonces esto no tendría por qué ser una fuente de conflicto, una fuente de mortificación, de problemas.

Yo pienso que lo mejor es salir a caminar, tomarse unas chelas, jugar con mi hijo, ver una película, un video, escuchar música, lavar los calcetines, qué sé yo; lavar los trastes, guisar unos huevos, ir al parque; no sé, pues, vivir la vida normal, tratar de ser feliz, de estar bien, ser honesto; es decir, a mí me gusta vivir la vida lo más honestamente que puedo; sí me gusta ser intenso, la intensidad, etc., pero sobre todo, ante todo, la honestidad, es decir, para mí la mejor forma de vivir la vida bien es buscar hacer lo que te gusta, buscar estar bien y ser honesto ante todo contigo mismo. 

Esto lo digo porque también he observado el fenómeno —ustedes lo habrán observado también, puesto que son seres también observadores y pensantes—  de personas, artistas o intentos de artistas de cualquier disciplina, que hablan de vivir la vida intensamente y entonces hacen cosas para vivir la vida intensamente, pero esa intensidad de cierto modo resulta o al menos parece artificial, porque están buscando precisamente la intensidad, en lugar de simplemente ser, en lugar de simplemente vivir; entonces se pierde un poquito lo natural en pro de una pretendida intensidad que en mi opinión no termina siendo real, porque es como que sales a buscar como sale a buscar un explorador tierras nuevas, o como sale a buscar, no sé, un explorador de otro tiempo el oro. No sé, como algo que es ajeno a ti, que está afuera, que está allá y que lo tienes que ir a conseguir; cuando yo creo que es al revés, yo pienso que está en ti, está dentro de ti y solamente tienes que dejarlo ser. 

No se trata de impresionar a nadie, se trata de ser, sentir, vivir, gozar, buscar el bienestar propio, buscar la felicidad, buscar lo que nos da placer, lo que nos da gozo, lo que nos hace disfrutar la vida. Esa es mi opinión, eso es lo que pienso.

A  final de cuentas, cuando menos pienses, o a lo mejor si lo estás pensando todo el tiempo, en cualquier momento, tú vas a estar escribiendo otra vez. Al menos así a mí me pasa. Vas a sentir la necesidad de escribir algo porque te vino un buen pensamiento a la cabeza, porque ese bloqueo se te fue, porque aquello que lo causaba sea lo que fuera —no me voy a poner a analizarlo, aparte es algo muy variable y en cada sujeto y en cada situación puede ser una cosa u otra— aquello, lo que haya sido que te causó el bloqueo, probablemente se fue, probablemente lo superaste, probablemente desapareció simplemente y ahora tú otra vez estás escribiendo. 

O sea, hay una historia que tú quieres ahora escribir o hay un poema que tú necesitas decir y estás ahí escribiendo. Y no se confunda esto con la idea celestial de la inspiración, yo no soy partidario de eso, yo creo en el trabajo y el dominio de ciertos recursos, el uso de ciertos recursos escriturales, de recursos, pues; no creo que te toque Dios y puedas escribir, no creo que el poeta sea un ser elegido por la divinidad, no, no, no, no, no.

Pero sí pienso que hay momentos en que estamos más aptos y momentos en que no, hay momentos en que estamos en mejores condiciones, no sólo para la escritura, para todo, a veces nos sentimos con la fuerza, con la energía y con todo lo ideal para hacer cosas, por ejemplo, que a lo mejor implican trabajo, esfuerzo, pelea, y hay otras veces que no queremos salir ni siquiera de la casa. Y eso mismo nos pasa —porque somos humanos, porque somos una materia sensible, emocional, etcétera—  nos pasa también con nuestras actividades cotidianas, entre ellas la escritura. 

*

En resumen, yo pienso que si tienes un bloqueo creativo no te debes de preocupar, debes de seguir viviendo, debes seguir siendo, y el bloqueo simplemente va a pasar.

Claro, habrá quienes vivan de la escritura, quienes tengan eso como su fuente de trabajo principal; yo creo que ahí ya es un caso aparte, la mayoría de los escritores tenemos que trabajar de una o dos o mil cosas diferentes para ganar dinero, por otras causas que no voy a escribir aquí ahora, pero que todos conocemos. 

Pero también hay los escritores que viven de su escritura, los guionistas, por ejemplo, los escritores muy comerciales que venden, que ganan mucho dinero, tal vez ellos dirán, “no, es que yo no puedo esperar a que me pase un bloqueo, yo necesito romperlo”, bueno, esos son casos especiales, y si es tu caso, acá te dejo diez consejos para enfrentar y procurar romper el bloqueo creativo. 

La gran mayoría, por lo menos la gente que creo que me va a leer aquí (mis amigos, mis conocidos, colegas con los que realmente he interactuado, o a los que más o menos conozco, aunque no conozca personalmente) creo que estarán dentro de este caso, donde obtenemos el sustento trabajando en cualquier otra cosa diferente de nuestra escritura, ya sea dando clases, haciendo traducciones —no sé, mil cosas—  repartiendo en una moto, trabajando de peón de albañil, haciendo ladrillos, siendo herrero. 

Todo esto digo, todos estos oficios menciono, porque yo conozco poetas que hacen todas estas cosas, incluyéndome, que han hecho en algún momento estos diferentes trabajos. El caso es que se obtiene el dinero de otra parte, siendo profesor universitario, etc., o profesor de kinder, o de primaria, o qué sé yo, y tenemos la actividad de escritura por gusto, por pasión, por vocación, por lo que tú quieras, pero no suele constituir la fuente principal de ingresos.

En fin, esa es mi opinión, ese es mi consejo, no hagas nada, vive, y cuando menos pienses, o en cualquier momento, vas a estar escribiendo otra vez, y vas a escribir cosas que te satisfagan; porque cuando tienes ese bloqueo no te satisface nada, ¿para qué sigues escribiendo, gastando papel, gastando el tiempo? 

Ponte a hacer algo útil, mejor. Esa es mi opinión. Ponte a leer; si tienes un hijo, dedícale tiempo, si no tienes un hijo, dedícate tiempo; y pásatela bien, es lo más importante, de eso se trata. Esa es mi opinión. Cuéntame tú qué opinas. 

Muchas gracias. 

Ángel Gustavo Rivas

P. D. Si quieres intentar romperlo y volver a la jugada lo antes posible, acá te dejo diez consejos o ejercicios que ojalá te sirvan mucho.


Si eres humano sé humano y no seas caracol, de Ángel Gustavo Rivas

Si eres humano, sé humano, y no seas caracol, Ángel Gustavo Rivas


Si eres humano, sé humano, y no seas caracol

Hay caracoles que caminan por la banqueta y mueren aplastados por pies de humanos caminantes, a veces sin que se fijen, sin intención de los humanos, y a veces de forma intencional. El resultado siempre es el mismo: el caracol no vuelve a casa, muere aplastado horriblemente, hecho una mancha sobre el concreto. 

Algunas veces, sino es que siempre, tardan algún tiempo en morir, y mientras, sufren solamente; es puro dolor el final de su vida. Qué triste, qué terrible final para un ser vivo sensible. Esto es consecuencia de  varios factores, muchos o pocos, no sé. 

Uno de estos factores, por ejemplo, es el hecho de que los caracoles, estos caracoles, viven dentro de las ciudades humanas, al margen de quién haya llegado primero, quién sea el invasor o quién tenga más derecho.

Otro factor importante es el hecho lamentable de no tener acaso el caracol la suficiente capacidad cerebral para observar, analizar, reflexionar y actuar en consecuencia.

Luego, pues, si tú eres un humano, no seas un caracol.

Ángel Gustavo Rivas

Acá lo leo yo en Youtube.


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Elegía por la muerte de mi primo el Rey

Elegía por la muerte de mi primo el Rey, Ángel Gustavo Rivas

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A la memoria de mi primo Juan Manuel Núñez Vega, el Rey (1986-2025)

La muerte,
cuando yo niño,
jugaba entre nosotros.

No teníamos 
ningún cuidado de ella. 
Sabíamos que existía 
pero nos quedaba lejos 
del entendimiento 
lo cerca que estaba siempre, 
lo lista que estaba siempre,
y aún lo activa que estaba siempre 
no estaba claro en la experiencia nuestra. 

No se nos había muerto nadie 
realmente cercano,
ni a mis primos ni a mí.
La muerte de mi abuelo
vino años después,
cuando todos éramos ya casi adultos.

La vida sabe a vida
y a vida se siente
cuando no hay otra cosa
sino vida a la vista
y vida al alcance
de la propia sensibilidad.

Jugábamos, imaginábamos,
soñábamos.
Pensábamos también,
desde luego,
notábamos cosas
y reflexionábamos.
Pero nunca nos llevó la reflexión
a pensamientos del tipo
un día morirá mi madre
un día morirá mi padre
podrían morir mis primos
o mis hermanos en cualquier momento.
Podría morir yo.

Asumíamos la muerte
como el final de la vida
después de que la vida se vivía.
No tomábamos conciencia
de que también pueden morir
los niños.

Siempre que dirigíamos al futuro la imaginación 
mirábamos en el futuro
a todas las personas
de nuestro presente,
aquel presente.

No mirábamos el futuro
sin abuelos o sin padres
o sin alguno de los primos
o hermanos.

Todavía hace poco
-porque es costumbre cotidiana
del humano descuidarse-
actuaba otra vez
como si no pudiera en cualquier momento
faltar una persona
de repente y para siempre ya.

Pero un mensaje repentino de mi hermana
me avisó hace poco: 
ha muerto el Rey,
nuestro primo el Rey.

Y recibí de esa manera 
la noticia triste:
ya me falta otra persona para siempre.

Actuaba con respecto a él
como si fuera eterno.
Ya platicaré con él, decía.
Seguramente lo veré después, pensaba.

Y ahora sé perfectamente
que no habré de volver a verlo
nunca más sobre la tierra.

Ya su cuerpo es orgánica materia inanimada,
ya su rostro no tendrá más gestos,
ya sus ojos no tienen miradas.

Y yo que tengo abrazos en mis brazos para todos,
no podré ya darle los abrazos suyos.

El rostro del niño de los nueve años
me viene a la memoria,
el de los once y los doce también.
Su rostro era entonces tan lleno de sonrisas.

Hay un recuerdo perdurable
donde nos bañábamos en un canal.
Hay un recuerdo más abstracto
                            más borroso
                            general
de tantas veces que anduvimos caminando el monte.

El Rey era nuestro primo del rancho
por el lado de mi madre,
el Rey era el primo de mi edad exactamente.

*

Con el tiempo las sonrisas se le fueron yendo
y nos fuimos alejando irremediablemente.

Las voces y los rostros de nosotros niños,
las vivencias y las cercanías,
todo se llenó de niebla.

Yo me daba cuenta y padecía,
siempre me entristece
el crecimiento así de la distancia.
Pero nunca he sabido hacer nada al respecto.

*

Con el Rey yo aprendí a jugar con piedras.
Con piedras jugábamos a las vacas.
De piedra era el corral
y era una piedra también cada vaca;
un caballo era una piedra;
el auto, si había, era una piedra.
Entre el índice y el pulgar
se colocaba a la vaca para que avanzara.
Pastoreábamos las vacas de un lugar a otro,
nos encontrábamos en el camino
y amablemente nos dirigíamos saludos
para continuar con la faena luego.
Pastores de piedras fuimos.
Bendita sea siempre la infancia.

*

Y la muerte en cada instante
se encontraba entre nosotros
sin dañarnos.
Hasta estos días pasados
en que finalmente
le ha quitado al Rey la corona de la vida,
le ha marcado el fin del juego
y nos ha dejado a todos
con un primo menos,
un hermano menos para sus hermanos,
para sus hermanas,
un sobrino menos para tantas tías
y, terrible cosa, un hijo menos para su mamá.
Una gente menos entre nuestras gentes.

*

Descansa en paz, Rey, primo,
si la frase cabe,
si hacerlo es posible.
Aquí en mi memoria te recuerdo niño,
con una sonrisa honesta y pura,
jugando juntos tantos primos,
yéndonos a dormir a la casa de mi tía Susana,
tu casa,
mientras estamos
de vacaciones familiares
en El Tigre. 

Ángel Gustavo Rivas


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Día del niño: del amor y la memoria. Sobre el padre que soy, el hijo que tengo y el niño que fui… (Prosa y versos)


Miércoles 30 de abril de 2025 

Hoy es Día del Niño, y no había pensado en el niño que fui yo porque soy padre ahora, y estoy casi siempre ocupado pensando en el niño que es mi hijo. Y digo esto porque he visto que mis contactos de Facebook -algunos de ellos- han compartido fotos de sí mismos cuando niños, y esto fue lo que me hizo ver que, a diferencia de ellos, con motivo del día del niño yo he pensado sólo en mi hijo niño, y no en mí mismo de niño.

Vi hace unos minutos una foto de mi hijo con dos primitos suyos culichis, son todos de la misma edad, y la foto es justamente en el patio donde yo fui niño; la vi en una “historia” de Facebook, y entonces me puse a pensar. Quería escribir un poema, pero me puse a escribir esta prosa, tal vez intente un poema más tarde. 

El caso es que tengo un niño ahora, un niño hermoso que vive conmigo y que está a mi cargo, depende de mí; su bienestar depende de mí, su educación y desarrollo dependen en gran medida de mí, y lo mejor que he podido, cada día de su vida, he procurado que él esté bien y que sea feliz. 

Tal vez porque no tiene hermanos, me surgió hace poco una nueva inquietud: su capacidad para ser independiente, vivir solo y ser feliz desde sí mismo, por sí mismo y para sí mismo; sé que tiene la voluntad, pero la vida suele ponerle pruebas muy duras a todas nuestras voluntades. En parte porque no tiene hermanos y en parte porque yo mismo he propiciado más el apego que la independencia, esta idea surgió hace poco, pues, como una inquietud. 

Pensando ahora mientras escribo, creo que la inquietud está uno o dos puntos antes que la preocupación, y echando mano de una frase que ya es cliché, he tratado de ocuparme antes que preocuparme, y he intentado empezar a hacer cambios al respecto, cambios con acciones, actitudes, frases, tareas y otras cosas; cambios pequeñísimos que he procurado venir aumentando paulatina y progresivamente; cosas pequeñas que pretenden involucrarlo cada vez más en la constitución y el soporte del bienestar propio. Básicamente he procurado empezar a delegarle en cantidades pequeñas, fragmentarias, la realización de acciones que antes hacía yo completa y exclusivamente: cargar por ratos su mochila, recoger sus trastes sucios, lavarlos a veces, estudiar un poco más y jugar un poco menos (aunque de todos modos juega mucho y ve -y a veces vemos- muchas series animadas, películas y videos). Próximamente empezará a poner a lavar su propia ropa y lo inscribiré en una escuela de futbol o algo así, los niños exploradores, quizás.

Hoy ya es 28 de mayo, se me ha pasado ya casi un mes completo; he vuelto y escribo este párrafo, y hago ediciones múltiples a todo este texto en prosa (la escritura es un proceso, no cabe duda); pero casi todo el texto, y el poema que sigue adelante, fueron escritos el mero día del niño. Lo comparto ahora, y estoy atento a cualquier comentario. 

No había pensado -como dije al principio de este texto- en el niño que yo fui, pero luego lo hice y a partir de esa memoria, (y de este presente, desde luego) escribí los siguientes versos, que constituyen, de cierto modo, una visita desde mi yo adulto a mi yo pequeño, con la sonrisa en el rostro y la alegría en el corazón, de que me ha proveído el amor de mi hijo y el amor mío por mi hijo. Una visita no sé si a escondidas, porque supongo que mi yo niño no me verá, sino con la mirada y desde la conciencia de mi yo adulto. Pero, de hecho, no tengo ninguna certeza de estas cosas que digo, intentos de conjeturas surgidos desde una voraginosa mezcla de la emoción, la nostalgia, el amor, la distancia temporal, el dolor acaso y la voluntad del bienestar. Pero, sea lo que fuere, los versos que escribí son los siguientes.

Poema del Día del Niño de 2025, para el niño que yo fui…

Hoy es Día del Niño.
Soy adulto, soy padre.
Pero en este adulto confluyen
el niño que fui
y el hombre
que soy.

Soy adulto, soy padre,
y sé que mi hijo ha entrevisto
más de alguna vez,
de más de algún modo,
ese niño que fui yo,
y ha querido abrazarlo
cuando me abraza,
y ha querido decirle
te quiero,
yo sé que eres bueno.
Y ese niño que yo fui
sólo puede ahora
mediante el adulto
que soy
recibir ese abrazo
y ese amor.
Yo lo recibo
por el adulto que soy
y por el niño que fui
en este corazón
que aún es el mismo.
Y por la memoria
se lo entrego
a ese pequeño
para que el amor,
para que el calor
nunca le falten.

Ángel Gustavo Rivas


Gracias por leer estas palabras, mezcla de recuerdos, nostalgia, preocupaciones y amor. Si este texto te hizo pensar en el niño o la niña que fuiste, o en los hijos que acaso hoy acompañas, me encantará leerte en los comentarios.

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Otros textos:
Poema para mi hijo y breve reflexión sobre el trabajo de escribir
Veinte poemas de amor o leer poesía para entendernos mejor
Poemas de Ángel Gustavo Rivas


Poema El Flaco, al perro flaco de Ángel Gustavo Rivas

El Flaco, Ángel Gustavo Rivas

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EL FLACO 

Era el Flaco un perro
que habitó mi casa
cuando yo habitaba mi casa todavía.

Era un perro que sabía ser perro
pero hubiera querido ser humano.
Le gustaba levantarse tarde
aunque siempre fue madrugador como buen perro.
Le gustaba hacer su voluntad (de perro).

El Flaco sufrió mil accidentes.
Era un hombre descuidado. Era un perro, aclaro.
Le gustaba caminar desenfadado.

Yo no tengo un preferido entre los perros que tuvimos siempre
pero el Flaco podría bien ser mi perro preferido.
(Ahora, cuando escribo, el lápiz finge su jadeo de perro
al caminar sobre el papel)

Le gustaba caminar desenfadado.
Le gustaba meterse a la cocina.

Yo aprendí sólo de verlo a tratar bien a los perros.

Era flaco, de ahí su nombre.
Era humano, aunque perro, ya lo dije.

Una vez lo atropelló un trailero con su tráiler
pero el Flaco se paró y entró a la casa.

Una vez un hueso se atoró en su paladar.
Le dio tos y le compré sus medicinas.

En la casa había tres perros
era el patio compartido por el Flaco
con la Gorda y con el Pikis
pero el Flaco nunca tuvo competencia.

No recuerdo ya de qué murió.
Tenía cáncer y tiraba sangre ya al final.
Pudo ser eso.

Echado en la calle
tenían los carros que darle la vuelta
pudo ser que muriera atropellado.

No recuerdo ya de qué murió.
Pero el Flaco es de los perros
que lo enseñan a vivir a uno. 

Ángel Gustavo Rivas


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Textos de Ángel Gustavo Rivas en otros sitios:
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Ángel Gustavo Rivas, un canal de clases de español y literatura

Ángel Gustavo Rivas, un canal de clases de español y literatura

Hola, qué tal, buenas. Este artículo, lo mismo que el video que lo acompaña, tienen la función, el encargo, la consigna de invitarlos a suscribirse a mi canal, el canal tiene por nombre mi mismo nombre y está lleno de clases de español y literatura. 

Si cualquiera que lea este blog o que vea videoclases en ese canal quisiere que hiciera yo alguna videoclase sobre un tema en específico, puede desde luego solicitarlo, tanto a través de comentarios en cualquier video del canal como por medio de este mismo blog o bien al correo angelgustavorivas@jacalitoliterario.com

He intentado organizar las videoclases en grupos temáticos en el área de ¨Listas de reproducción¨, y aunque ciertamente he tenido un cierto tiempo de inactividad, en este mes he retomado con fuerza el trabajo y estoy ahora mismo grabando y editando un montón de videoclases para lograr tener en el futuro cercano, casi inmediato, una publicación constante y bastante regular de nuevos videos.

Bueno, me llegan ahora mismo ruidos por todas partes, haré una pausa aquí, pero vuelvo pronto. 

Gracias por visitar mi Jacalito y por reproducir mi video, ojalá decidas suscribirte al canal y acompañarme en esta revisión constante de nuestra lengua española y de la literatura en general; siempre estamos aprendiendo, y recordar cosas que ya sabemos, aprenderlas de nuevo, así com aprender de verdad ahora algunas cosas que antes creíamos ya saber, así como otras que ni nos habíamos planteado, es uno de los principales objetivos de este canal.

Ángel Gustavo Rivas

Visita el canal, suscríbete y comparte.

Muchas gracias 🙂

Los hijos pequeños y el celular, Ángel Gustavo Rivas


Los hijos pequeños y el celular 

No sé cuántas puedan ser infundadas, pero a mí la paternidad me ha generado y me sigue generando desde luego un montón de preocupaciones, hoy voy a hablar de algunas de ellas, algunas que tienen que ver con el uso del celular en los niños, con el uso del celular por parte de mi hijo.

Algunas de estas preocupaciones quizás algo tengan de romántico y sean propias de una generación de transición, como considero que es la mía, pero otras sí son definitivamente objetivas y tienen que ver, de hecho, con posibles daños a la salud y a la atención o capacidad de atención de mi hijo.

Muy bien, empiezo. La primera, una en relación con afectaciones a la salud y que podría además dejar secuelas para toda la vida, es la posibilidad de que por el exceso de exposición pueda estársele generando algún grado de estrabismo. Ahora ya no tanto (o acaso me he fijado menos o me haya acostumbrado), pero hace algún tiempo me parecía ver eso.

Lo que decidí fue permitir que usara menos tiempo y por periodos más cortos el celular, lo que hice fue hablar con él y explicarle, expresarle mi preocupación y decirle lo que haríamos. Por supuesto su carita fue de tristeza, no discutió -acaso era muy chico todavía- ni lloró, pero se puso triste.

Lo ideal sería, desde luego, no haber permitido nunca que llegara a haber jornadas prolongadas de uso del celular, pero el caso es que eso sucedió. Luego he intentado ir variándole las pantallas, es decir, le permito usar más tiempo la computadora o la televisión y le pido que se mantenga a una cierta distancia, en lugar del celular. Pienso que el celular podría generarle o estimular el avance de un posible estrabismo por ser una pantalla mucho más chica, que además mantiene demasiado cerca de la cara, puesto que suele cargarlo en sus manos.

También probé a prestarle el celular pero manteniéndolo sobre una mesa, con una base porta celulares, para que no tuviera que traerlo en las manos y se mantuviera un poquito más distante, pero en definitiva la mejor opción para el caso es una pantalla más grande y una distancia igualmente mayor.

Es difícil o impracticable y muy probablemente inconveniente privarlos por completo de dispositivos móviles, como el celular o la tableta, pero es indispensable, así mismo, estar siempre al pendiente del tiempo de uso y la manera en que lo usan.

Nuestros niños, lo sabemos bien, no pueden cuidarse por sí solos, no tienen la conciencia necesaria aún de las cosas, y sólo desean pasársela bien. Sin duda en la mayoría de los casos no es fácil, pero debemos esforzarnos por buscar el equilibro en las actividades y las mejores maneras de comunicarles nuestras decisiones.

Yo, por mi parte, siento desde luego con frecuencia algún poco de inquietud en la consciencia porque tiendo a pensar -y no creo equivocarme- que si pasara más tiempo compartiendo con él actividades, él tendría quizás hábitos más sanos en cuanto al uso de estos dispositivos, -y esto, pienso, es un mal general, o muy amplio, de la paternidad-.

La verdad es que intento estar lo más que puedo, pero ya saben, algunos podemos más y otros menos, depende de muchos factores y entre ellos uno que pesa mucho es la situación económica, entre más tranquilidad económica hay, más tiempo y de mejor calidad uno puede tener no sólo para con los hijos, también para con uno mismo y en otros aspectos.

De cualquier manera, lo importante es estar siempre atentos y cuidar a nuestros hijos lo mejor que podamos; si vamos a causarles alguna pequeña tristeza hoy, a cambio de asegurarles un mejor bienestar en el futuro de su  vida de adultos, yo creo que vale la pena. Esas pequeñas tristezas, además, se olvidan pronto y se curan fácil, con amor y compañía.

No olvidemos que es necesario que guiemos a nuestros hijos y que necesitamos en ello ser firmes y objetivos, fuertes y amorosos. Su bienestar general es el objetivo, su bienestar general para ahora y para el futuro.

La segunda cosa que al respecto me he puesto a pensar es que, si descuidamos un poco el asunto, los niños se vuelven verdaderamente adictos, con las implicaciones de sufrimiento que tiene en sí la patología de la adicción, y no queremos eso para nuestros hijos. 

La adicción es algo terrible, una adicción es una relación de dependencia, de necesidad indiscriminada, de necesidad eterna, por lo tanto, padecer una adicción significa carecer de libertad. La psique de nuestros hijos estaría secuestrada, sus pensamientos estarían siempre ocupados en una sola y única cosa: el celular, los juegos del celular, las aplicaciones de juegos. De verdad que eso me parece terrible.

Lo he vivido con mi hijo y me he sentido realmente mal de ver cómo no podía sustraerse de estar siempre pensando en Minecraft o en Plantas contra Zombies en su momento, o en los canales de Youtube que suele ver. Y si hablaba, en cualquier momento, siempre era para eso. 

Cuando lo recogía en el kinder lo primero que me contaba era una cierta forma de hacer alguna cosa en algún juego, ya una casa grande y bonita y segura en Minecraft, ya una estrategia o cosa parecida en Roblox. O me contaba las últimas cosas que había visto en el canal de Karim juega o con Plech (a quien ya no vemos porque se volvió muy grosero), o con Macoto, etcétera.

Esto estuvo sucediendo un tiempo corto porque puse inmediatamente manos a la obra, me puse en acción en todos los aspectos y ahora mi hijo controla mucho mejor eso, no es ya un dependiente y de pronto otra vez vuelve a jugar con sus carritos. Sigue jugando con el celular, por supuesto, y viendo videos, y habla de vez en cuando de ambas cosas, hablamos, pero ya no es lo único que hay siempre en su mente.

He visto, y esto es importante, que a pesar del grado de adicción que había llegado ya a desarrollar, está perfectamente dispuesto a dejar de ver videos y de jugar con aplicaciones del celular, si yo puedo estar más tiempo con él. A nuestros hijos, pues, les hacemos falta cerca, presentes, allí. Nuestros hijos nos necesitan con ellos.

Ellos tienen, ahora que son pequeños, una necesidad enorme de compartir lo que están aprendiendo, lo que descubren, lo que crean, lo que piensan, lo que desean, lo que les gusta, lo que los inquieta, lo que se les ocurre. Necesitan que les brindemos compañía y que les pongamos atención. 

Y cuando digo compañía hablo de compañía efectiva, real, total, práctica, interactiva. 

No es compañía interactiva, por ejemplo, estar cerca pero trabajando en la computadora o en cualquier otra cosa (taller, por ejemplo). No es compañía suficiente, porque no se genera la interacción que produzca la sensación de compañía efectivamente; se vuelve un acompañamiento físico sin acompañamiento emocional, y eso genera, a final de cuentas, la sensación de soledad. 

Nuestros hijos están interactuando en el mundo, en diferentes espacios y con diferentes personas, este cambio de escenarios y de personajes puede verse como un recorrido en tren, donde cada escenario o espacio diferente sea una estación, y se necesita, definitivamente, que en el espacio del hogar se genere el sentido de pertenencia, la sensación de seguridad, y eso sólo es posible si los individuos del hogar, es decir, nosotros, su familia, nos involucramos mucho más y de manera más personal y afectiva con ellos que todos los individuos de las otras estaciones en el camino del día.

No es suficiente compartir el mismo espacio por más tiempo que en la mayoría de los otros lugares, (lo que, por cierto, en tiempos de clases normales no sucede: los niños pasan más tiempo en la escuela y buena parte del tiempo en casa es durante la noche, en que no hay interacción). Los niños saben que somos su familia y que la casa es el lugar adonde se llega al final del día, eso ya es algo, pero no es suficiente, el hogar lo hace sobre todo la familia, la convivencia familiar, no el inmueble.

Necesitamos generar en nuestros hijos la sensación, la seguridad de que sus papás estamos siemprea allí y de que estaremos siempre allí, y esto no se logra con la sola presencia física, ni con salvarlos heroicamente de los perros en la calle y defenderlos siempre afuera; eso es indispensable también, pero es sólo una parte. La otra parte es la de la cotidianeidad en el hogar, estar no es estar si no nos involucramos con ellos y con sus emociones de manera interactiva. El amor es práctico o es como si no existiera, no puede ser sólo teoría.

Entonces, qué hacer. Bueno, creo que una forma de empezar es darse siempre un tiempo para jugar con ellos, de preferencia con juguetes tradicionales, (carritos, muñecos, juegos de mesa…), pero si no se tienen o no es factible aún por alguna razón (como la mucha insistencia del  niño o niña de que sea un videojuego) se puede empezar con videojuegos, y poco a poco ir convenciendo al peque de utilizar los juguetes de nuevo. 

Ver videos juntos también es bueno, pero para fortalecer los lazos, para fortalecer la relación entre padres e hijos y generar esas sensaciones que deseamos generar de seguridad y confianza, son mejores los juguetes, y aún los videojuegos, que los videos, puesto que de las tres cosas los videos son los que menos interacción permiten, es una actividad mucho más pasiva que la de jugar.

Si hay tiempo para hacer las tres cosas, mejor, si no, hay que priorizar en este orden: juguetes tradicionales, videojuegos, videos o películas. 

Cuando se hayan visto videos o películas juntos, siempre debe procurarse la interacción posterior a la visualización: se puede platicar el actuar de un personaje, se puede jugar a que cada quien es alguno de los personaje y actuar una escena o bien inventar otra, pero siempre es de suma importancia generar interacción, tener actividad, usar los sentidos juntos.

A veces nuestros hijos no se sienten seguros de contarnos lo que les sucede, y eso es porque no hemos creado esa relación de confianza, no los hemos ayudado a confiar en nosotros; a lo mejor no saben que lo mejor es contarnos las cosas que les pasan para que nosotros podamos ayudarlos, y entonces se guardan sus experiencias negativas y no reciben de nosotros la orientación y el apoyo que podría irlos formando desde su infancia para afrontar mejor cada situación complicada de la vida. Esto, desde luego, resta a su calidad de vida. No estarán siendo todo lo felices que podrían ser.

No podemos esperar que nuestros hijos entiendan que pueden o deben confiar en nosotros si ellos simplemente no sienten esa confianza; la confianza no se logra dando explicaciones, sino generando sensaciones. Por eso la forma correcta de lograr su confianza es desarrollando una relación afectiva cercana. Y esa relación afectiva cercana se logra con la interacción diaria, por ejemplo como he descrito arriba.

Muy bien, volviendo al tema del uso del celular y para cerrar este artículo, ya sólo comentaré porque dije al principio que una de mis razones era acaso romántica, y es porque entre más los niños juegan con el celular, menos juegan con los juguetes tradicionales. A mí realmente me gustaría que mi hijo jugara más tiempo con los carritos, por ejemplo, que con el celular. Pero los tiempos cambian y cada uno debe de vivir en el tiempo suyo. También nuestros abuelos habrán sentido nostalgia al ver que nosotros jugábamos con autos de control remoto y otros juguetes modernos en detrimento del valero, por ejemplo. Eso es ya meramente una sensación personal.

Por ahora, pues, es todo. Pero sigo por acá escribiendo. Si te ha gustado este texto,  te sugiero suscribirte al blog y así te enteras de cada vez que publique otro. 

También, desde luego, me encantaría leer tus comentarios, si quisieras compartir un poco de tu experiencia, tus percepciones y tus métodos.

Gracias.

Ángel Gustavo Rivas


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El poema de “El miedo”, de mi hijo Ángel Teodoro Rivas

Ayer grabamos este poema de “El miedo”. Teodoro, como siempre, escribía sobre la mesa en su cuarto y yo escribía en el vejestorio de computadora de la sala, cuando de pronto escucho su voz que me llama: “Papá, ya escribí otro poema, se llama “El miedo”; acto seguido, yo me levanto de mi silla y voy hacia donde está él, para que me lo lea.

Le dije que lo grabaría y estuvo de acuerdo, quise esta vez grabarlo desde su primera lectura, porque siempre me encanta, aunque se equivoque más, aunque titubee más, aunque lo que sea, siempre la primera lectura que hace en voz alta es única, más espontánea, desde luego, que todas las posteriores.

Pero bueno, no sé qué tanto habrán influido mis comentarios, que no todos fueron precisamente sobre su poema o la creación literaria, sino que hablamos también de insectos y de su presencia en las casas, el hecho es que después de que hicimos la grabación Teodoro escribió un poco más y, por lo tanto, el poema que en este video se muestra no está completo, lo completó más tarde. Quise de todos modos compartirlo para que vayan viendo un poquito más o menos como lee mi hijo sus propios textos. Lo que escribe mi hijo cuando escribe poesía es muy variado, este es un texto con cierta tendencia narrativa, pero a veces el nivel de abstracción en sus poemas es realmente admirable, para que lo vean ustedes mismos, visiten el enlace de su primera lectura pública, que al momento en que esto escribo no ha tenido lugar aún, pero ya habrá sucedido probablemente ahora que tú lo lees. El video se habrá de encontrar aquí.

La versión completa de este poema seguramente la leerá en directo en la transmisión del próximo domingo 01 de agosto, allí los esperamos, ojalá puedan acompañarnos.

Si no pudieren asistir a la lectura en vivo, o si llegan a este texto en el futuro, cuando esta lectura sea ya parte del pasado y no del porvenir, pues vayan de todos modos al enlace de la lectura “Ángel y Ángel: lectura de poemas”, que el video quedará grabado y disponible allí. El enlace es éste.

Esto otro ya no se lo dije a mi hijo, porque no quiero meterle ideas estorbosas en la cabeza, pero el riesgo de compartir este video es que la gente va a pensar que tenemos cucarachas en la casa, jajajaja, y peor los que ya conozcan mi propio poema sobre las cucarachas, pero en fin, qué más da, ése es un riesgo que corremos permanentemente los escritores: que haya gente que piense que todo lo que decimos en nuestros textos es algo que nos pasa y que nos sigue pasando, jajaja.

La verdad es que hemos luchado contra la plaga de las cucarachas en diversos domicilios, y siempre que se aparezcan estaremos listos para la batalla, con miedo o sin miedo, estaremos listos, jeje.

Y ahora, la lectura del poema por el mismo Teodoro:

Había escrito un párrafo o dos más sobre el final que luego de esta grabación agregó Teodoro a su poema, pero no he dado con ellos, si aparecen, los traeré.

Por ahora es todo, muchas gracias por pasar.

Ángel Gustavo Rivas
Ángel Teodoro Rivas


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