Día del niño: del amor y la memoria. Sobre el padre que soy, el hijo que tengo y el niño que fui… (Prosa y versos)
Miércoles 30 de abril de 2025
Hoy es Día del Niño, y no había pensado en el niño que fui yo porque soy padre ahora, y estoy casi siempre ocupado pensando en el niño que es mi hijo. Y digo esto porque he visto que mis contactos de Facebook -algunos de ellos- han compartido fotos de sí mismos cuando niños, y esto fue lo que me hizo ver que, a diferencia de ellos, con motivo del día del niño yo he pensado sólo en mi hijo niño, y no en mí mismo de niño.
Vi hace unos minutos una foto de mi hijo con dos primitos suyos culichis, son todos de la misma edad, y la foto es justamente en el patio donde yo fui niño; la vi en una “historia” de Facebook, y entonces me puse a pensar. Quería escribir un poema, pero me puse a escribir esta prosa, tal vez intente un poema más tarde.
El caso es que tengo un niño ahora, un niño hermoso que vive conmigo y que está a mi cargo, depende de mí; su bienestar depende de mí, su educación y desarrollo dependen en gran medida de mí, y lo mejor que he podido, cada día de su vida, he procurado que él esté bien y que sea feliz.
Tal vez porque no tiene hermanos, me surgió hace poco una nueva inquietud: su capacidad para ser independiente, vivir solo y ser feliz desde sí mismo, por sí mismo y para sí mismo; sé que tiene la voluntad, pero la vida suele ponerle pruebas muy duras a todas nuestras voluntades. En parte porque no tiene hermanos y en parte porque yo mismo he propiciado más el apego que la independencia, esta idea surgió hace poco, pues, como una inquietud.
Pensando ahora mientras escribo, creo que la inquietud está uno o dos puntos antes que la preocupación, y echando mano de una frase que ya es cliché, he tratado de ocuparme antes que preocuparme, y he intentado empezar a hacer cambios al respecto, cambios con acciones, actitudes, frases, tareas y otras cosas; cambios pequeñísimos que he procurado venir aumentando paulatina y progresivamente; cosas pequeñas que pretenden involucrarlo cada vez más en la constitución y el soporte del bienestar propio. Básicamente he procurado empezar a delegarle en cantidades pequeñas, fragmentarias, la realización de acciones que antes hacía yo completa y exclusivamente: cargar por ratos su mochila, recoger sus trastes sucios, lavarlos a veces, estudiar un poco más y jugar un poco menos (aunque de todos modos juega mucho y ve -y a veces vemos- muchas series animadas, películas y videos). Próximamente empezará a poner a lavar su propia ropa y lo inscribiré en una escuela de futbol o algo así, los niños exploradores, quizás.
Hoy ya es 28 de mayo, se me ha pasado ya casi un mes completo; he vuelto y escribo este párrafo, y hago ediciones múltiples a todo este texto en prosa (la escritura es un proceso, no cabe duda); pero casi todo el texto, y el poema que sigue adelante, fueron escritos el mero día del niño. Lo comparto ahora, y estoy atento a cualquier comentario.
No había pensado -como dije al principio de este texto- en el niño que yo fui, pero luego lo hice y a partir de esa memoria, (y de este presente, desde luego) escribí los siguientes versos, que constituyen, de cierto modo, una visita desde mi yo adulto a mi yo pequeño, con la sonrisa en el rostro y la alegría en el corazón, de que me ha proveído el amor de mi hijo y el amor mío por mi hijo. Una visita no sé si a escondidas, porque supongo que mi yo niño no me verá, sino con la mirada y desde la conciencia de mi yo adulto. Pero, de hecho, no tengo ninguna certeza de estas cosas que digo, intentos de conjeturas surgidos desde una voraginosa mezcla de la emoción, la nostalgia, el amor, la distancia temporal, el dolor acaso y la voluntad del bienestar. Pero, sea lo que fuere, los versos que escribí son los siguientes.
Poema del Día del Niño de 2025, para el niño que yo fui…
Hoy es Día del Niño.
Soy adulto, soy padre.
Pero en este adulto confluyen
el niño que fui
y el hombre
que soy.
Soy adulto, soy padre,
y sé que mi hijo ha entrevisto
más de alguna vez,
de más de algún modo,
ese niño que fui yo,
y ha querido abrazarlo
cuando me abraza,
y ha querido decirle
te quiero,
yo sé que eres bueno.
Y ese niño que yo fui
sólo puede ahora
mediante el adulto
que soy
recibir ese abrazo
y ese amor.
Yo lo recibo
por el adulto que soy
y por el niño que fui
en este corazón
que aún es el mismo.
Y por la memoria
se lo entrego
a ese pequeño
para que el amor,
para que el calor
nunca le falten.
Gracias por leer estas palabras, mezcla de recuerdos, nostalgia, preocupaciones y amor. Si este texto te hizo pensar en el niño o la niña que fuiste, o en los hijos que acaso hoy acompañas, me encantará leerte en los comentarios.
Te invito también a suscribirte al blog para seguir en contacto. Nos seguimos leyendo…
Otros textos:
Poema para mi hijo y breve reflexión sobre el trabajo de escribir
Veinte poemas de amor o leer poesía para entendernos mejor
Poemas de Ángel Gustavo Rivas

María Elena
Definitivamente eres grandioso Angel, tu poesía me hace reflexionar y me llena melancolía. a su vez me recuerda que todos debemos abrazar a nuestros niños interiores. Saludos 🤗
HhlsahxA5R
Muchas gracias por su comentario tan amable, maestra. Definitivamente, generar algo en el lector es una cosa muy importante para quien escribe, así que me alegra mucho lo que usted me dice. Le mando un abrazote 🙂