Escritorio con libros y libreta y pluma

Relajarse, una opción ante el bloqueo creativo

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¿Un bloqueo creativo? Esto hago yo cuando tengo uno 

Ángel Gustavo Rivas

Hola amigos. ¿Qué tal? Bienvenidos una vez más a mi Jacalito Literario.

Hablemos de asuntos de la literatura, de asuntos de la creación literaria. Hoy veremos una posibilidad de respuesta ante un hipotético e indeseable caso de bloqueo creativo. Esos periodos de tiempo en que pareciera que las musas han decidido abandonarte y la creatividad en la creación artística parece inexistente, no surge por ninguna parte.

Y es importante la palabra «posibilidad», la frase «una posibilidad», porque por supuesto que no a todo mundo le resultará realmente útil, es normal, así pasa con todo, lo que a unos les funciona a otros no les funciona; lo que a uno le funciona a veces, no le funciona otras veces, y así. Somos diversos y diversas son y serán las maneras en que podamos trabajar mejor. Cada quien, recuerde, deberá ir encontrando las formas, herramientas y estilos convenientes para sí mismo, para el desarrollo de su propio trabajo. Aquí y ahora veremos, pues, una opción, una forma posible de enfrentar y afrontar el bloque creativo que como escritores podemos padecer de vez en cuando.

Esta situación siempre es indeseable, pero a veces, cuando el periodo se prolonga demasiado, puede llegar a ser incluso desesperante y frustrante, desalentadora y dañina. Por eso, estar preparados es algo conveniente, pues casi es seguro que en algún momento un periodo de estos aparecerá. 

Lo que quiero hacer es simplemente compartir una brevísima reflexión, una brevísima conclusión a la que he llegado yo con respecto a los momentos en que a quienes escribimos se nos dificulta, se nos niega, se nos bloquea la capacidad de escribir, de producir un texto, un poema, un cuento, un mensaje o lo que sea que escribamos. 

Es común ver casos —y es mucho más fácil ahora por las redes sociales, incluso en personas que no conocemos personalmente— en que escritores se conflictúan, vaya, se preocupan, se mortifican, cuando les llega un período de esto, un periodo de bloqueo en que a lo mejor no te sale un buen poema, no te salen unos buenos versos, no te sale ni siquiera un mal poema, no te salen, no puedes escribir porque tienes una especie de bloqueo.

Yo personalmente he optado por no luchar contra eso, por lo tanto, ¿qué es lo que yo aconsejo ante un periodo de bloqueo cuando no puedes escribir? No escribas.

¿Qué te aconsejo hacer? No hagas nada, no escribas; tú sigue viviendo la vida; tú sigue viviendo la vida porque la vida es para vivirse mejor, como dice la canción. 

Yo creo que de lo que se trata es de pasarla bien, de estar bien. Si uno escribe porque escribir le gusta, porque le apasiona, porque la literatura le ha encantado y es a lo que uno desea dedicarse, entonces esto no tendría por qué ser una fuente de conflicto, una fuente de mortificación, de problemas.

Yo pienso que lo mejor es salir a caminar, tomarse unas chelas, jugar con mi hijo, ver una película, un video, escuchar música, lavar los calcetines, qué sé yo; lavar los trastes, guisar unos huevos, ir al parque; no sé, pues, vivir la vida normal, tratar de ser feliz, de estar bien, ser honesto; es decir, a mí me gusta vivir la vida lo más honestamente que puedo; sí me gusta ser intenso, la intensidad, etc., pero sobre todo, ante todo, la honestidad, es decir, para mí la mejor forma de vivir la vida bien es buscar hacer lo que te gusta, buscar estar bien y ser honesto ante todo contigo mismo. 

Esto lo digo porque también he observado el fenómeno —ustedes lo habrán observado también, puesto que son seres también observadores y pensantes—  de personas, artistas o intentos de artistas de cualquier disciplina, que hablan de vivir la vida intensamente y entonces hacen cosas para vivir la vida intensamente, pero esa intensidad de cierto modo resulta o al menos parece artificial, porque están buscando precisamente la intensidad, en lugar de simplemente ser, en lugar de simplemente vivir; entonces se pierde un poquito lo natural en pro de una pretendida intensidad que en mi opinión no termina siendo real, porque es como que sales a buscar como sale a buscar un explorador tierras nuevas, o como sale a buscar, no sé, un explorador de otro tiempo el oro. No sé, como algo que es ajeno a ti, que está afuera, que está allá y que lo tienes que ir a conseguir; cuando yo creo que es al revés, yo pienso que está en ti, está dentro de ti y solamente tienes que dejarlo ser. 

No se trata de impresionar a nadie, se trata de ser, sentir, vivir, gozar, buscar el bienestar propio, buscar la felicidad, buscar lo que nos da placer, lo que nos da gozo, lo que nos hace disfrutar la vida. Esa es mi opinión, eso es lo que pienso.

A  final de cuentas, cuando menos pienses, o a lo mejor si lo estás pensando todo el tiempo, en cualquier momento, tú vas a estar escribiendo otra vez. Al menos así a mí me pasa. Vas a sentir la necesidad de escribir algo porque te vino un buen pensamiento a la cabeza, porque ese bloqueo se te fue, porque aquello que lo causaba sea lo que fuera —no me voy a poner a analizarlo, aparte es algo muy variable y en cada sujeto y en cada situación puede ser una cosa u otra— aquello, lo que haya sido que te causó el bloqueo, probablemente se fue, probablemente lo superaste, probablemente desapareció simplemente y ahora tú otra vez estás escribiendo. 

O sea, hay una historia que tú quieres ahora escribir o hay un poema que tú necesitas decir y estás ahí escribiendo. Y no se confunda esto con la idea celestial de la inspiración, yo no soy partidario de eso, yo creo en el trabajo y el dominio de ciertos recursos, el uso de ciertos recursos escriturales, de recursos, pues; no creo que te toque Dios y puedas escribir, no creo que el poeta sea un ser elegido por la divinidad, no, no, no, no, no.

Pero sí pienso que hay momentos en que estamos más aptos y momentos en que no, hay momentos en que estamos en mejores condiciones, no sólo para la escritura, para todo, a veces nos sentimos con la fuerza, con la energía y con todo lo ideal para hacer cosas, por ejemplo, que a lo mejor implican trabajo, esfuerzo, pelea, y hay otras veces que no queremos salir ni siquiera de la casa. Y eso mismo nos pasa —porque somos humanos, porque somos una materia sensible, emocional, etcétera—  nos pasa también con nuestras actividades cotidianas, entre ellas la escritura. 

*

En resumen, yo pienso que si tienes un bloqueo creativo no te debes de preocupar, debes de seguir viviendo, debes seguir siendo, y el bloqueo simplemente va a pasar.

Claro, habrá quienes vivan de la escritura, quienes tengan eso como su fuente de trabajo principal; yo creo que ahí ya es un caso aparte, la mayoría de los escritores tenemos que trabajar de una o dos o mil cosas diferentes para ganar dinero, por otras causas que no voy a escribir aquí ahora, pero que todos conocemos. 

Pero también hay los escritores que viven de su escritura, los guionistas, por ejemplo, los escritores muy comerciales que venden, que ganan mucho dinero, tal vez ellos dirán, “no, es que yo no puedo esperar a que me pase un bloqueo, yo necesito romperlo”, bueno, esos son casos especiales, y si es tu caso, acá te dejo diez consejos para enfrentar y procurar romper el bloqueo creativo. 

La gran mayoría, por lo menos la gente que creo que me va a leer aquí (mis amigos, mis conocidos, colegas con los que realmente he interactuado, o a los que más o menos conozco, aunque no conozca personalmente) creo que estarán dentro de este caso, donde obtenemos el sustento trabajando en cualquier otra cosa diferente de nuestra escritura, ya sea dando clases, haciendo traducciones —no sé, mil cosas—  repartiendo en una moto, trabajando de peón de albañil, haciendo ladrillos, siendo herrero. 

Todo esto digo, todos estos oficios menciono, porque yo conozco poetas que hacen todas estas cosas, incluyéndome, que han hecho en algún momento estos diferentes trabajos. El caso es que se obtiene el dinero de otra parte, siendo profesor universitario, etc., o profesor de kinder, o de primaria, o qué sé yo, y tenemos la actividad de escritura por gusto, por pasión, por vocación, por lo que tú quieras, pero no suele constituir la fuente principal de ingresos.

En fin, esa es mi opinión, ese es mi consejo, no hagas nada, vive, y cuando menos pienses, o en cualquier momento, vas a estar escribiendo otra vez, y vas a escribir cosas que te satisfagan; porque cuando tienes ese bloqueo no te satisface nada, ¿para qué sigues escribiendo, gastando papel, gastando el tiempo? 

Ponte a hacer algo útil, mejor. Esa es mi opinión. Ponte a leer; si tienes un hijo, dedícale tiempo, si no tienes un hijo, dedícate tiempo; y pásatela bien, es lo más importante, de eso se trata. Esa es mi opinión. Cuéntame tú qué opinas. 

Muchas gracias. 

Ángel Gustavo Rivas

P. D. Si quieres intentar romperlo y volver a la jugada lo antes posible, acá te dejo diez consejos o ejercicios que ojalá te sirvan mucho.



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Un poema para mi hijo y breve reflexión sobre el trabajo de escribir, Ángel Gustavo Rivas

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Poema que improvisé con Teodoro una vez que no quería hacer una planita que le encargué:

Hijo mío bonito, no quiero que llores,
yo quiero que aprendas a vivir feliz;
si duele la espina, perfuman las flores;
si el trabajo cansa, permite vivir. 

Rompe tus barreras para ver mejor.
Recuerda aquel salto de las escaleras:
por ir adelante, el miedo se fue.
No querías saltar, pero al fin saltaste
y cuando saltaste lo hiciste muy bien.
Parecían muy grandes los tres escalones,
como si imposibles de poder saltar,
pero con tus plantas, puntas y talones
bien aterrizaste después de brincar.

Te quitaste el miedo, que era la barrera,
y ya al destruirla pudiste saltar,
porque aquella barda que tanto estorbaba
no te permitía la verdad mirar.

Deja la flojera, no digas “no puedo”,
deja la flojera y ponte a escribir,
porque de que puedes, sabemos que puedes,
todo es empezar y después seguir. 

Ángel Gustavo Rivas

 


Breve reflexión tipo ensayo que sobre la escritura me aventé con el pretexto de los versos precedentes 

Al releer estos versos encuentro que algunos de ellos quizás no sean muy aptos para ser dirigidos a un niño, no por nada malo, sino simplemente por el registro del lenguaje y por el significado. Desde la primera estrofa, los versos 2 y 4 ya no parecen versos para un niño, que lo son, escribí este poema para mi hijo, con él a mi lado, y le leí estrofa por estrofa conforme las iba escribiendo. Sin embargo, y es por esto que he decidido escribir esta reflexión, creo que también los escribí para mí. No es la primera vez que siento esto, aunque ahora el ejercicio reflexivo, el ejercicio de análisis lo inicié realmente en la relectura, no ahora que transcribo esto a documento digital, sino desde antes, cuando releí el poema en el mismo texto manuscrito original, ese que escribí con pluma y sobre el reverso de la misma hoja en que Teodoro escribía aquella planita inconclusa y cuya fotografía acompaña esta publicación.

Todos los consejos o las aseveraciones en esos versos contenidas van, desde luego, realmente sinceras de mí para mi hijo, pero mi hijo es pequeño y en estos momentos muchas de ellas nada le dirán; a esta situación he decidido responderme que de este modo el poema más le dura: seguirá teniendo versos nuevos para etapas posteriores de la vida, no nuevos, sino de nueva comprensión acaso, de utilidad futura, utilidad que entrará en vigor más adelante, aunque los versos estén escritos ya, desde ahora.

Luego he observado también los versos de la última estrofa, toda, habla de la escritura y, al menos por ahora, el que de eso se ocupa principalmente -aunque mucho menos de lo que quisiera- soy yo, y digo principalmente porque justo esta semana Teodoro escribió su primer cuento, se llama “Caperucita con el conejo” (lo publicaré, junto a video donde lo lee, en este mismo Jacalito), lo escribió por encargo de su maestra, pero igual vale porque es de todos modos su primer cuento y fue él con sus manos, su lápiz y su imaginación quien lo ha creado. También yo, de hecho, escribí mi primer cuento, como tal, por encargo de una maestra, bastante más grande ya, de la edad de 14 años, en primero de prepa. 

Bueno, retomando la estrofa, es un llamado a escribir, a dejar la flojera, a vencer las barreras mentales que nos dicen que no podemos; Teodoro no quería escribir, es cierto, pero en ese caso la escritura era un encargo que tenía el fin de practicar el ejercicio mecánico de la escritura, no era escritura creativa, tenía que copiar lo que ya antes yo había escrito, por lo tanto, quizás esa estrofa resulte, aún más que los dos versos primero citados, una estrofa en la que me hablo, en la que intento quizás comunicarme conmigo. Podría parecer una locura, pero los recursos del espíritu nos pueden sorprender, las salidas del subconsciente son diversas. 

Es un hecho, y no es nuevo desde luego, que quienes escribimos escribimos para nosotros, pero también para los otros, y en poemas como éste, que son exprofeso, según la intención de uno, escritos para un otro, quizás valga la pena, en general, ponerle atención a estos detalles. Lo digo, ahora sí, también para los otros, para quienes me leen, para quienes escriben, para quienes quieren escribir.

La reflexión sobre la escritura propia es, en mi opinión, la primera y la más importante herramienta para mejorar como escritores, y, de hecho, la única imprescindible (la lectura es requisito previo y permanente). Yo siempre he pensado que el taller más importante al que puede asistir un escritor o alguien que desea serlo, es el taller con uno mismo, el autotaller, el trabajo propio con el trabajo propio, es decir, el trabajo propio sobre la escritura propia. La postproducción escritural, podríamos llamarle, aunque en realidad la postproducción escritural sería sólo una parte de este trabajo del que hablo, que tendría -tiene- muchas más áreas de acción, por ejemplo la sola reflexión, más allá del llamado “pulimiento” de los textos, pulimiento que consiste en actividades como revisar la pertinencia de algunas palabras y decidir si se quedan, se cambian o se van, revisar si conviene algún cambio en la estructura de tal o cual frase u oración, detectar palabras que acaso se repitan más de lo conveniente o rimas involuntarias que quizás convenga eliminar u otra cantidad de cosas por el mismo estilo.

La reflexión sobre la escritura, por otra parte, puede ejercitarse largamente y con mucho provecho incluso sobre textos que hayan ya sido descartados después de mucho trabajo en el intento de su pulimiento. Yo tengo, literalmente, miles de páginas en documentos de word y en libretas de textos que he descartado y que lo más probable es que nunca publicaré, pero con todos ellos he aprendido, incluso  a eso, a descartar, porque no se trata de publicar absolutamente todo lo que a uno le sale al escribir.

Hay textos también que, a pesar de ser ya textos descartados, de repente me encuentro hojeando alguna vieja libreta o explorando documentos digitales y, pese a que no serán nunca publicados, en la relectura les hago cambios ocasionalmente, es decir, los sigo trabajando, tallereando, editando, aún tratándose ya irrevocablemente de textos fallidos. El texto no saldrá, pero el trabajo que sobre él se haga beneficia al escritor, abona a su oficio, agranda su experiencia, aguza su capacidad de observación, refuerza su capacidad crítica, aumenta sus posibilidades de escribir mejores versos a futuro.

Si un texto de tanto tallerear desaparece, está bien, no se pierde con ello, se gana; la eliminación de ese texto mediante el trabajo, la reflexión, la crítica y la honestidad, será parte en la escritura en el futuro de mejores textos, ese texto vivirá en otros, quizás no el texto en sí mismo, pero sí el trabajo, el aprendizaje, el mejoramiento del autor con ese texto. 

Nota: aunque lo publico apenas, de la escritura de este poema improvisado han pasado más de un año y medio y cerca de dos; Teodoro en aquel entonces no escribía, es decir, no escribía literatura, sólo yo; ahora Teodoro es también un creador, tiene siete años y está a punto de terminar su primero en la primaria -desde casa por la pandemia- y escribe, desde hace una semana, una historia de ficción a la que él mismo se refiere como su novela y que será, que es, sin duda, su primer libro, como él mismo dice también. De esa novela publicaré aquí, muy pronto, el primer capítulo.

Ángel Gustavo Rivas


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