Si eres humano sé humano y no seas caracol, de Ángel Gustavo Rivas

Si eres humano, sé humano, y no seas caracol, Ángel Gustavo Rivas


Si eres humano, sé humano, y no seas caracol

Hay caracoles que caminan por la banqueta y mueren aplastados por pies de humanos caminantes, a veces sin que se fijen, sin intención de los humanos, y a veces de forma intencional. El resultado siempre es el mismo: el caracol no vuelve a casa, muere aplastado horriblemente, hecho una mancha sobre el concreto. 

Algunas veces, sino es que siempre, tardan algún tiempo en morir, y mientras, sufren solamente; es puro dolor el final de su vida. Qué triste, qué terrible final para un ser vivo sensible. Esto es consecuencia de  varios factores, muchos o pocos, no sé. 

Uno de estos factores, por ejemplo, es el hecho de que los caracoles, estos caracoles, viven dentro de las ciudades humanas, al margen de quién haya llegado primero, quién sea el invasor o quién tenga más derecho.

Otro factor importante es el hecho lamentable de no tener acaso el caracol la suficiente capacidad cerebral para observar, analizar, reflexionar y actuar en consecuencia.

Luego, pues, si tú eres un humano, no seas un caracol.

Ángel Gustavo Rivas

Acá lo leo yo en Youtube.


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La taza es compañera del café
Loca esperanza de la vida mía, libro de poemas


Los hijos pequeños y el celular, Ángel Gustavo Rivas


Los hijos pequeños y el celular 

No sé cuántas puedan ser infundadas, pero a mí la paternidad me ha generado y me sigue generando desde luego un montón de preocupaciones, hoy voy a hablar de algunas de ellas, algunas que tienen que ver con el uso del celular en los niños, con el uso del celular por parte de mi hijo.

Algunas de estas preocupaciones quizás algo tengan de romántico y sean propias de una generación de transición, como considero que es la mía, pero otras sí son definitivamente objetivas y tienen que ver, de hecho, con posibles daños a la salud y a la atención o capacidad de atención de mi hijo.

Muy bien, empiezo. La primera, una en relación con afectaciones a la salud y que podría además dejar secuelas para toda la vida, es la posibilidad de que por el exceso de exposición pueda estársele generando algún grado de estrabismo. Ahora ya no tanto (o acaso me he fijado menos o me haya acostumbrado), pero hace algún tiempo me parecía ver eso.

Lo que decidí fue permitir que usara menos tiempo y por periodos más cortos el celular, lo que hice fue hablar con él y explicarle, expresarle mi preocupación y decirle lo que haríamos. Por supuesto su carita fue de tristeza, no discutió -acaso era muy chico todavía- ni lloró, pero se puso triste.

Lo ideal sería, desde luego, no haber permitido nunca que llegara a haber jornadas prolongadas de uso del celular, pero el caso es que eso sucedió. Luego he intentado ir variándole las pantallas, es decir, le permito usar más tiempo la computadora o la televisión y le pido que se mantenga a una cierta distancia, en lugar del celular. Pienso que el celular podría generarle o estimular el avance de un posible estrabismo por ser una pantalla mucho más chica, que además mantiene demasiado cerca de la cara, puesto que suele cargarlo en sus manos.

También probé a prestarle el celular pero manteniéndolo sobre una mesa, con una base porta celulares, para que no tuviera que traerlo en las manos y se mantuviera un poquito más distante, pero en definitiva la mejor opción para el caso es una pantalla más grande y una distancia igualmente mayor.

Es difícil o impracticable y muy probablemente inconveniente privarlos por completo de dispositivos móviles, como el celular o la tableta, pero es indispensable, así mismo, estar siempre al pendiente del tiempo de uso y la manera en que lo usan.

Nuestros niños, lo sabemos bien, no pueden cuidarse por sí solos, no tienen la conciencia necesaria aún de las cosas, y sólo desean pasársela bien. Sin duda en la mayoría de los casos no es fácil, pero debemos esforzarnos por buscar el equilibro en las actividades y las mejores maneras de comunicarles nuestras decisiones.

Yo, por mi parte, siento desde luego con frecuencia algún poco de inquietud en la consciencia porque tiendo a pensar -y no creo equivocarme- que si pasara más tiempo compartiendo con él actividades, él tendría quizás hábitos más sanos en cuanto al uso de estos dispositivos, -y esto, pienso, es un mal general, o muy amplio, de la paternidad-.

La verdad es que intento estar lo más que puedo, pero ya saben, algunos podemos más y otros menos, depende de muchos factores y entre ellos uno que pesa mucho es la situación económica, entre más tranquilidad económica hay, más tiempo y de mejor calidad uno puede tener no sólo para con los hijos, también para con uno mismo y en otros aspectos.

De cualquier manera, lo importante es estar siempre atentos y cuidar a nuestros hijos lo mejor que podamos; si vamos a causarles alguna pequeña tristeza hoy, a cambio de asegurarles un mejor bienestar en el futuro de su  vida de adultos, yo creo que vale la pena. Esas pequeñas tristezas, además, se olvidan pronto y se curan fácil, con amor y compañía.

No olvidemos que es necesario que guiemos a nuestros hijos y que necesitamos en ello ser firmes y objetivos, fuertes y amorosos. Su bienestar general es el objetivo, su bienestar general para ahora y para el futuro.

La segunda cosa que al respecto me he puesto a pensar es que, si descuidamos un poco el asunto, los niños se vuelven verdaderamente adictos, con las implicaciones de sufrimiento que tiene en sí la patología de la adicción, y no queremos eso para nuestros hijos. 

La adicción es algo terrible, una adicción es una relación de dependencia, de necesidad indiscriminada, de necesidad eterna, por lo tanto, padecer una adicción significa carecer de libertad. La psique de nuestros hijos estaría secuestrada, sus pensamientos estarían siempre ocupados en una sola y única cosa: el celular, los juegos del celular, las aplicaciones de juegos. De verdad que eso me parece terrible.

Lo he vivido con mi hijo y me he sentido realmente mal de ver cómo no podía sustraerse de estar siempre pensando en Minecraft o en Plantas contra Zombies en su momento, o en los canales de Youtube que suele ver. Y si hablaba, en cualquier momento, siempre era para eso. 

Cuando lo recogía en el kinder lo primero que me contaba era una cierta forma de hacer alguna cosa en algún juego, ya una casa grande y bonita y segura en Minecraft, ya una estrategia o cosa parecida en Roblox. O me contaba las últimas cosas que había visto en el canal de Karim juega o con Plech (a quien ya no vemos porque se volvió muy grosero), o con Macoto, etcétera.

Esto estuvo sucediendo un tiempo corto porque puse inmediatamente manos a la obra, me puse en acción en todos los aspectos y ahora mi hijo controla mucho mejor eso, no es ya un dependiente y de pronto otra vez vuelve a jugar con sus carritos. Sigue jugando con el celular, por supuesto, y viendo videos, y habla de vez en cuando de ambas cosas, hablamos, pero ya no es lo único que hay siempre en su mente.

He visto, y esto es importante, que a pesar del grado de adicción que había llegado ya a desarrollar, está perfectamente dispuesto a dejar de ver videos y de jugar con aplicaciones del celular, si yo puedo estar más tiempo con él. A nuestros hijos, pues, les hacemos falta cerca, presentes, allí. Nuestros hijos nos necesitan con ellos.

Ellos tienen, ahora que son pequeños, una necesidad enorme de compartir lo que están aprendiendo, lo que descubren, lo que crean, lo que piensan, lo que desean, lo que les gusta, lo que los inquieta, lo que se les ocurre. Necesitan que les brindemos compañía y que les pongamos atención. 

Y cuando digo compañía hablo de compañía efectiva, real, total, práctica, interactiva. 

No es compañía interactiva, por ejemplo, estar cerca pero trabajando en la computadora o en cualquier otra cosa (taller, por ejemplo). No es compañía suficiente, porque no se genera la interacción que produzca la sensación de compañía efectivamente; se vuelve un acompañamiento físico sin acompañamiento emocional, y eso genera, a final de cuentas, la sensación de soledad. 

Nuestros hijos están interactuando en el mundo, en diferentes espacios y con diferentes personas, este cambio de escenarios y de personajes puede verse como un recorrido en tren, donde cada escenario o espacio diferente sea una estación, y se necesita, definitivamente, que en el espacio del hogar se genere el sentido de pertenencia, la sensación de seguridad, y eso sólo es posible si los individuos del hogar, es decir, nosotros, su familia, nos involucramos mucho más y de manera más personal y afectiva con ellos que todos los individuos de las otras estaciones en el camino del día.

No es suficiente compartir el mismo espacio por más tiempo que en la mayoría de los otros lugares, (lo que, por cierto, en tiempos de clases normales no sucede: los niños pasan más tiempo en la escuela y buena parte del tiempo en casa es durante la noche, en que no hay interacción). Los niños saben que somos su familia y que la casa es el lugar adonde se llega al final del día, eso ya es algo, pero no es suficiente, el hogar lo hace sobre todo la familia, la convivencia familiar, no el inmueble.

Necesitamos generar en nuestros hijos la sensación, la seguridad de que sus papás estamos siemprea allí y de que estaremos siempre allí, y esto no se logra con la sola presencia física, ni con salvarlos heroicamente de los perros en la calle y defenderlos siempre afuera; eso es indispensable también, pero es sólo una parte. La otra parte es la de la cotidianeidad en el hogar, estar no es estar si no nos involucramos con ellos y con sus emociones de manera interactiva. El amor es práctico o es como si no existiera, no puede ser sólo teoría.

Entonces, qué hacer. Bueno, creo que una forma de empezar es darse siempre un tiempo para jugar con ellos, de preferencia con juguetes tradicionales, (carritos, muñecos, juegos de mesa…), pero si no se tienen o no es factible aún por alguna razón (como la mucha insistencia del  niño o niña de que sea un videojuego) se puede empezar con videojuegos, y poco a poco ir convenciendo al peque de utilizar los juguetes de nuevo. 

Ver videos juntos también es bueno, pero para fortalecer los lazos, para fortalecer la relación entre padres e hijos y generar esas sensaciones que deseamos generar de seguridad y confianza, son mejores los juguetes, y aún los videojuegos, que los videos, puesto que de las tres cosas los videos son los que menos interacción permiten, es una actividad mucho más pasiva que la de jugar.

Si hay tiempo para hacer las tres cosas, mejor, si no, hay que priorizar en este orden: juguetes tradicionales, videojuegos, videos o películas. 

Cuando se hayan visto videos o películas juntos, siempre debe procurarse la interacción posterior a la visualización: se puede platicar el actuar de un personaje, se puede jugar a que cada quien es alguno de los personaje y actuar una escena o bien inventar otra, pero siempre es de suma importancia generar interacción, tener actividad, usar los sentidos juntos.

A veces nuestros hijos no se sienten seguros de contarnos lo que les sucede, y eso es porque no hemos creado esa relación de confianza, no los hemos ayudado a confiar en nosotros; a lo mejor no saben que lo mejor es contarnos las cosas que les pasan para que nosotros podamos ayudarlos, y entonces se guardan sus experiencias negativas y no reciben de nosotros la orientación y el apoyo que podría irlos formando desde su infancia para afrontar mejor cada situación complicada de la vida. Esto, desde luego, resta a su calidad de vida. No estarán siendo todo lo felices que podrían ser.

No podemos esperar que nuestros hijos entiendan que pueden o deben confiar en nosotros si ellos simplemente no sienten esa confianza; la confianza no se logra dando explicaciones, sino generando sensaciones. Por eso la forma correcta de lograr su confianza es desarrollando una relación afectiva cercana. Y esa relación afectiva cercana se logra con la interacción diaria, por ejemplo como he descrito arriba.

Muy bien, volviendo al tema del uso del celular y para cerrar este artículo, ya sólo comentaré porque dije al principio que una de mis razones era acaso romántica, y es porque entre más los niños juegan con el celular, menos juegan con los juguetes tradicionales. A mí realmente me gustaría que mi hijo jugara más tiempo con los carritos, por ejemplo, que con el celular. Pero los tiempos cambian y cada uno debe de vivir en el tiempo suyo. También nuestros abuelos habrán sentido nostalgia al ver que nosotros jugábamos con autos de control remoto y otros juguetes modernos en detrimento del valero, por ejemplo. Eso es ya meramente una sensación personal.

Por ahora, pues, es todo. Pero sigo por acá escribiendo. Si te ha gustado este texto,  te sugiero suscribirte al blog y así te enteras de cada vez que publique otro. 

También, desde luego, me encantaría leer tus comentarios, si quisieras compartir un poco de tu experiencia, tus percepciones y tus métodos.

Gracias.

Ángel Gustavo Rivas


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Teodoro ayer empezó a escribir su primer libro (dice que a las 3 de la tarde)

Teodoro, mi hijo de siete años, ayer empezó a escribir su primer libro, es una novela infantil que relata un viaje desde Baja California hasta Acapulco, y en el transcurso, desde luego, hay situaciones entre los personajes y aventuras de viaje que son lo que constituye, básicamente, el asunto del relato.

Teodoro tiene pocos libros infantiles, me tendré que esforzar por comprarle más en esta crisis que nos trajo la pandemia. Tiene pocos, pero todos los ha leído muchas veces, algunos probablemente diez veces, el que menos ha leído, de los más breves, lo ha leído cuatro veces como mínimo, y creo que es Nana María, de Ethel Krauze; y el que menos ha leído, de los más largos, lo ha leído dos veces, que es El Principito, de Antoine de Saint Exupery.

Ha leído montones de veces Los asustadores del ruido, de Claudia Islas Coronel; Una bicicleta para el cocodrilo de David Martín del Campo, libro que le regaló la maestra Laura Cázares Hernández, (ahora me acaba de informar que le ha puesto ya un nombre al conductor, se llama Emilio, hace ratito me dijo que había agregado un nuevo personaje, un constructor que viaja a Acapulco para construir un departamento; mientras escribo este artículo en la computadora de la sala, Teodoro avanza en su novela en la mesa del cuarto); ha leído varias veces una versión de El gato con botas que le compré en el súper; tiene un libro que se llama Costras, de Georgina Martínez, que le compró directamente a la autora en el Festival Navachiste, de 2019 creo, esa fue la primera vez que mi hijo me pidió dinero, me pidió cien pesos para comprar el libro. 

El libro de Los asustadores del ruido se lo regaló la autora, también en Navachiste, es un libro ilustrado, igual que el de Costras, y además, Claudia Islas le regaló también una antología de literatura infantil sinaloense, donde Teodoro ha leído a un montón de escritores sinaloenses, mis paisanos, como Ernestina Yépiz, Aleyda Rojo, Rubén Rivera, Glafira Rocha, Juan José Rodríguez, Enrique Corral, etc., poetas y narradores, además de, claro está, a la propia Claudia Islas, a mi querida amiga la doctora Dina Grijalva y allí mismo viene también, pero sin ilustraciones, el cuento de “Costras”, de Georgina Martínez. Este es quizás el único libro que tiene de literatura infantil sin ilustraciones, todos los demás las tienen, algunos muchas, como Una bicicleta parta el cocodrilo y Los asustadores del ruido, algunos bastante menos, como Nana María.

Hace una semana o semana y media, Teodoro terminó de leer el libro más largo que ha leído hasta ahora, la novela infantil Autopista Sanguijuela, escrita por Juan Villoro e ilustrada por El Fisgón, una novela de ciento setenta y nueve páginas -según el mismo Teodoro me ha informado-, y es de esa lectura de la que hay mayores rastros en su escritura. Ahora Teodoro escribe con toda naturalidad intervenciones del lenguaje directo de los personajes acotadas con frases como “preguntó el papá”, “dijo Renata”, etcétera; frases que pronuncia el narrador para señalar, precisamente, esas intervenciones. Eso lo da la lectura, por supuesto.

Hace apenas unos días, en una tarea escolar apareció la pregunta de si se entendía con suficiente claridad cuando hablaba el narrador y cuándo hablaban los personajes, Teodoro no sabía que era el narrador, se lo expliqué lo mejor que pude y creo que lo entendió muy bien porque ayer, luego de que había escrito su primer capítulo, me dijo “Casi toda mi novela la dice la voz del narrador, pero también hablan a veces los personajes”.

*

Ayer mismo, lunes siete de junio de 2021, Teodoro se planteó que podría ser escritor, un rato más tarde se decidió y empezó a serlo. Yo estaba en la computadora escribiendo un artículo que publiqué en Altavoz México, artículo que inicié como un post en Facebook pero se me hizo largo y lo llevé a Altavoz; mientras lo escribía, Teodoro vino muchas veces a mí, me comentaba cosas, me preguntaba cosas, yo le ponía poca atención, porque estaba escribiendo, pero  le contestaba siempre, le pedía que me esperara, le decía que enseguida iría.

Teodoro siempre se acerca cuando me ve escribiendo, hace unos diez días lo hizo mientras yo escribía algo que no deseaba que leyera, así que le pedí que no lo leyera, pero no me obedecía, de modo que tuve que poner la letra en tamaño dos y seguir escribiendo así, la escritura avanzaba pero era imposible leer; me pareció que no era justo para el chiquitín, él quería estar cerca, acompañarme, compartir, así que intenté darle alguna explicación y pedirle disculpas, le dije que se lo enseñaría cuando fuera más avanzado, que quería escribir un libro de sesenta páginas –aunque nunca he escrito un relato tan largo, mi cuento más largo tiene 13 o 15 páginas–. A Teodoro le satisfizo la explicación y se fue contento a hacer otras cosas; más tarde, cuando estaba con su mamá, le dijo “Mi papá está escribiendo un libro de sesenta páginas”; y después, todos los días me ha preguntado que si cómo voy con mi libro. Vaya lío en el que me metí, desde aquel día no he vuelto a escribir una sola línea de eso.

Ayer, Teodoro me hizo preguntas nuevas sobre ese libro de sesenta páginas, primero me preguntó que si cuantas páginas llevaba, luego me preguntó que si cual sería el título, y no me acuerdo qué más sobre los capítulos; le contesté que no tenía título todavía, que lo vería después, que primero intentaría escribirlo. Muy serio, él me dijo, “si yo escribiría un libro, primero le pondría el título”; luego, con no sé qué libro en la mano y el librero del cuarto medio echado en la cama y en la mesa, me preguntó: “Papá, qué es prólogo”, intenté contestarle, o más bien le contesté intentando explicar: es un texto, le dije, que se pone en los libros, al principio, y que habla un poco sobre el libro, puede hablar sobre el contenido o sobre el autor, o sobre las circunstancias de escritura, o sobre el tema y otros libros de ese tema, etcétera.

 Uno o dos días antes, Teodoro, mientras empezaba la relectura de Autopista sanguijuela, me había dicho: «papá, soy un lector, y después a lo mejor voy a ser un escritor»; y ayer, mientras yo escribía ese articulillo y él me visitaba y me preguntaba y me daba explicaciones y reflexionaba, se decidió; en una de sus intervenciones en que le puse un poco más de atención o en que me agarró menos clavado, lo escuché decir, con emoción verdadera “No sé por qué me emociona mucho que estoy escribiendo mi primer libro”, me di cuenta que debía poner más atención, fui allá con él y me leyó lo que llevaba. Me sorprendió, lo que lleva realmente me parece bueno, incluyo en este post un video donde lo lee. Noté por supuesto que ha tomado como referente para su creación la novela que acaba de leer, Autopista sanguijuela, pero, la verdad, ha construido un buen discurso, está imaginando su propia historia y ahí la lleva.

Anoche, después de que me leyó varias veces su primer capítulo, lo escuché por allá leyendo una parte nueva, que no estaba en las veces que me leyó, y escuché que mencionó un “coordinador de actividades”, ese personaje sin nombre está en la novela de Villoro, pero no le dije nada. Antes de eso, –y también después de eso– me estuvo diciendo que tal vez después yo podía ayudarle a seguir con su libro, –a veces dice mi libro y a veces dice mi novela– le dije que sí pero no lo hice; le dije que yo podía ayudarle a platicar sobre lo que quiere escribir, pero que deberá escribirlo él, me dijo que sí; lo que él quiere, me parece, es que estemos juntos, aunque él escriba solo. Ahora mismo está escribiendo en el cuarto, me acaba de preguntar cómo se llama el lugar en el que le echan gasolina a los carros –gasolinera o estación de gasolina, le dije– recordé el debate sobre si gasolinera o gasolinería, casi cometo el error de citarlo, pero me contuve.

Hoy lo llamé, hace rato, y le comenté que escuché que anoche leía una parte nueva donde apareció un coordinador de actividades, le sugerí que lo llamáramos ayudante del chofer o segundo chofer –que hubiera dos choferes– para que no se llamara igual que el de Villoro, pero él me dijo que prefería que se quedara así; y agregó que esa novela (la de Villoro) también le sirve mucho para saber qué puede escribir porque es una novela que se parece un montón. No dije más, lo he dejado y ahora mismo él sigue escribiendo.

Cuando su mamá escuchó el capítulo uno, me preguntó si no lo había copiado de alguna parte, le dije que no –aunque lo ignoro, es lo que creo– es la influencia de la lectura, le dije, así uno se va apropiando sin darse cuenta de nuevas formas de usar el lenguaje, descubre y empieza  usar estructuras, palabras, fórmulas. (Pero si alguien que lea esto identifica en su novela algo de notar, dígamelo, por favor).

Bueno, ahora debo irme a guisar nuestra comida, los escritores necesitamos comer también; con hambre se escribe bien, pero sin hambre se vive mejor.

Antes de esto, Teodoro había escrito un par de cuentos, ambos como tareas escolares, se los comparto en próximas publicaciones.

Les dejó acá, por supuesto, a mi hijo leyendo el primer capítulo de su novela recién escrito:

Ángel Gustavo Rivas

Martes 08.06.2021

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Reflexión en torno a una publicación machista en Facebook

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La captura del post

La mujer de hoy y el hombre de hoy son muy distintos, Espiridión, al concepto y a la forma del hombre y la mujer correspondientes a la concepción implícita en la mayoría de tus publicaciones.

Tú yo (y la mayoría de las personas de nuestro entorno) crecimos en un mundo y en un contexto cultural predominantemente machista, ignorante, cerrado y retrógrado, pero es nuestra responsabilidad observar el mundo en el que vivimos, tratar de entenderlo y, en la medida de nuestras posibilidades, tratar de influir en hacerlo mejor (simplemente porque somos sujetos pensantes con un mínimo grado de educación).

No podemos cerrar los ojos ni tapar los oídos a los hechos reales, a los contextos sociales, políticos y culturales que configuran nuestro momento histórico;  nosotros y nuestro tiempo somos parte y resultado de un devenir cultural y social que nos precede con mucho, pero que ha generado nuestra situación actual, y nosotros (tú y yo y toda la demás gente que ahora vive sobre la tierra) somos y seremos parte determinante del mundo que en su momento tendrán para vivir las siguientes generaciones (mis hijos, tus sobrinos y todos los demás), por lo tanto, tomar consciencia de nuestro momento histórico y de nuestro papel en este devenir es algo fundamental.

Una forma machista de vivir no es viable, no sirve, no la necesitamos, por el contrario, ha demostrado ser dañina, dolorosa, injusta, criminal, por ello no podemos seguir sustentándola, debemos abolirla.

Las mujeres no tienen porqué valorar al hombre de otra manera que lo que es, un ser humano igual que ellas, y los hombres lo mismo para con las mujeres.

Ya las cuestiones amorosas, sensuales, sexuales, románticas y demás cosas que en el contexto de una relación de pareja puedan darse, es cosa que dentro de la pareja se habrá de llevar a cabo y la manera en que ello suceda no tiene por qué responder a ninguna expectativa de sistemas ajenos al de la propia pareja, la diversidad es enorme y lo que uno puede hacer es estar donde se sienta bien y retirarse de lo que no le gusta, respetando siempre, desde luego, la diversidad y los derechos de los otros.

Nuestro mundo es megadiverso en todo, y eso es maravilloso, porque significa que hemos ganado mucho en libertad, ya que en realidad siempre ha sido megadiverso, pero antes estaba terriblemente reprimida esa diversidad.

Entiendo que sea duro abrirse a lo «nuevo» (lo pongo entre comillas, porque nada es nuevo en sí mismo, sino que cada cosa lo es para algunas personas), pero es un paso necesario. Para vivir con mejor calidad en el mundo, no hay nada como tratar de comprender el mundo. Cada uno de nosotros es, somos, sólo un individuo, y este mundo es nuestro mundo, y este tiempo es nuestro tiempo. Necesitamos estar aquí, ahora.

Un abrazo, querido Espiridión.

Ángel Gustavo Rivas

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La taza es compañera del café, y hay que decirlo, Ángel Gustavo Rivas

 
 
Todo mundo piensa que el café es genial, y yo pienso eso mismo también, de hecho lo consumo a diario. Pero nadie le ha dado el mérito a las tazas que merecen. Ciertamente la sustancia es el café, y todo lo que a nuestro cuerpo introducimos es el agua y el café. Cualquiera efecto que nos pueda producir se debe al café por lo tanto.
Sin embargo, pónganse a pensar nada más por un minuto, hasta por treinta segundos si quieren: cuando toman el café en un recipiente distinto, siempre notan alguna diferencia. También influyen los tamaños y las formas, pero acaso lo más determinante sean los materiales. No estoy muy seguro de eso, porque además hay también tazas de diversos materiales. Lo que sí es cierto es que, al menos en mi experiencia y por lo tanto en mi opinión, nuestra forma preferida de tomar café, es en tazas.
Si un vaso de plástico, ni nos sabe igual y ni psicológicamente estamos satisfechos, no nos sentimos a gusto, no  nos sentimos contentos, y si estamos a la vista de otras gentes, dependiendo del caso y del contexto, podríamos quizás hasta sentirnos ridículos, avergonzados.
Hay miles -o quizás millones- de líneas literarias, ya sea de cuentos novelas o poemas, dedicadas al café, pero pocas, muchas menos, dedicadas a las tazas. Ciertamente, esto constituye una clara injusticia en contra de la personalidad de la taza.
¿Por qué la taza es importante? Muy simple: configura la experiencia perfecta de tomar café: podría faltarnos el lugar al que llamamos café, ése donde hay mesitas a veces lindas, a veces coquetas, a veces feas, a veces equis, con sillitas igual, donde nos venden el café diez o veinte veces más caro que su costo de producción (o treinta, yo qué sé de economía); podría faltarnos el azúcar (yo no uso azúcar, pero quiero que este texto sea incluyente, no sea que me denuncien en DDHH); podría faltarnos el clásico libro de los tomadores de café lectores; podrían faltarnos, en suma, todos los elementos accesorios de la experiencia de tomar café, pero no la taza, que no nos falte la taza, porque si nos falta la taza, la experiencia se vería modificada verdaderamente.
Esto en cuanto a ciertos parámetros de cafeceros; pero veamos otros contextos, aunque en estos otros se trate más a menudo de café soluble: en los desayunos de la gente de rancho (hablo, claro está, desde mi experiencia, refiriéndome mentalmente a los referentes que he tenido y que tengo; sí, por supuesto, no hay otro modo de hablar) es muy raro, difícil o imposible que falte la taza de café; en estos casos no suele haber libritos, ni mesas o sillas coquetas, sino mesas y sillas muy mesas y muy sillas respectivamente, es decir, con personalidades no saloneras ni palaciegas, sino muy entregadas a su vocación, soportan, son fuertes y útiles, no pretenden, la mayoría de las veces, ser más parte del ornamento que de la utilidad: pues bien, el café se toma en taza. Así como los muebles son muebles y cumplen su función, las tazas son tazas y en tazas se toma el café.
Ciertamente hay allí, como en todas partes, cafeceros muy distintos, desde el viejito madrugador que toma café antes de que salga el sol, y si le ofrecen de nuevo más tarde dice «ya tomé»; hasta el cafecero empedernido que toma y toma cantidades no medidas. Estas variaciones las hay lo mismo en los cafeceros urbanos.
No importan, pues, las diferencias entre cafés y cafeceros, la taza es siempre el contenedor protagonista, el estelar por excelencia, y ya va siendo hora de que se le reconozca. Existen los estudios cafecísticos, supongo yo, pero, ¿existen acaso los estudios tazísticos? Ciertamente yo lo ignoro, pero ojalá que sí, y si no, ojalá que surjan pronto. Quizás podríamos ganar bastante con ellos, en cuanto al mejoramiento de nuestras experiencias, si se considera que ha pasado así con los estudios y experimentaciones del café, sin duda pasaría lo mismo si a las tazas se prestare la misma atención.
Y dicho lo dicho y hecho lo hecho, me voy a descansar al lecho. Que estén muy bien y, recuérdenlo: la taza es compañera del café, y hay que decirlo.
 

Ángel Gustavo Rivas


Compra una taza a tu gusto para darte gusto con tu café, y
un buen libro para seguir leyendo.
Hay otros textos de Ángel Gustavo Rivas en El Jacalito del Fondo.


Jacalito Literario / Lengua y Literatura

La soledad de la palma en “Palma sola”, de Nicolás Guillén, por Ángel Gustavo Rivas

Aunque los seres humanos somos gregarios, es decir, vivimos en comunidad, no dejamos de ser individuos particulares cada uno, y cada uno con su propia subjetividad, con su propia forma de ver y de sentir el mundo, y estos sentires o sentimientos pueden ser comunicados sólo de una forma artificial, exterior, y necesariamente parcial, pues nadie puede sentir con nosotros porque nadie tiene nuestras fibras, ni nuestro sistema nervioso ni nuestro corazón; y es en este sentido que, aunque seamos gregarios y estemos rodeados de personas, estamos solos.
 
Esta soledad del individuo es el tema del poema “Palma sola”, de Nicolás Guillen. La palma es en el poema un ser solitario, un símbolo de soledad. La palma, por su propia fisonomía (o morfología o taxonomía) resulta de aspecto solitario, pues es delgada y alta, y es allá arriba, lejos, donde están sus hojas y sus frutos, donde está su vida, todo lo demás es un palo solitario con aspecto de estar seco, muerto, sin hojas, sin ramas, sin nada que conviva o haga contacto con otras posibles vegetaciones. Ramón Gómez de la Serna, en una de sus greguerías, dice: “Las palmeras se levantan más temprano que los demás árboles”, en lo cual hay implicada también una cierta soledad.
 

 
Tanto el título del poema como la oración que es la greguería de Gómez de la Serna, permiten un doble sentido o interpretación; el sintagma “Palma sola”, además de denotar soledad, falta de compañía en el más recto y literal sentido, puede también interpretarse como palma única, palma sin competencia, sin igual; y “Las palmeras se levantan más temprano que los demás árboles”, puede también entenderse o interpretarse por lo menos de dos formas, bien en el sentido prosopopéyico de levantarse a iniciar el día, bien en un sentido recto de crecer hacia las alturas. Como puede verse, las cuatro lecturas hechas aluden o implican finalmente la soledad. La palma es, pues, un símbolo adecuado para representar la soledad.
 
Tres estrofas tiene el poema, tres estrofas que pueden verse acaso como tres pequeños bloques temáticos, sobre la soledad todos: primera estrofa, soledad respecto a lo otro; segunda estrofa, el tema de la soledad desarrollado respecto (en torno) a la figura de la misma palma; tercera estrofa, el sueño como consecuencia y como posibilidad única de cambio.
 
Ángel Gustavo Rivas
 
Libro Summa poética, de Nicolás Guillén, en editorial Cátedra
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Este es un análisis del poema «Palma sola», desde luego subjetivo, como no podía ser de otra manera, puesto que se trata de un análisis del significado simbólico, y no de la forma -donde alguna objetividad todavía es posible-. Pero a pesar de ser una propuesta subjetiva, una serie de deliberaciones, en algo podremos quizá estar de acuerdo, en tanto que se basa en la significación de las palabras y de las cosas en cuanto signo, en cuanto representación. De cualquier manera, escucho cualquier opinión, podemos usar el área de comentarios o el email (formulario de contacto) para comunicarnos. Gracias por pasar a este Jacalito.
Puedes leer el poema en esta página; y puedes escucharlo en voz de Nicolás guillén en esta otra.


Más sobre poesía:
 
Jacalito Literario  /  Lengua y Literatura

La victoria del libro, Ángel Gustavo Rivas

 




En un ensayo titulado “¿Qué es el libro hoy?”[1], Alejandro Katz se pregunta sobre el futuro del libro y su posible suplantación o sustitución por parte de otros recursos de manejo de información, y propone la posibilidad de que esto suceda debido a numerosos factores que parecen presentar como más prácticos y viables otros soportes para el conocimiento e inclusive para la literatura. En este trabajo Katz revisa varios aspectos de la convivencia del libro con las nuevas tecnologías de la información, y dedica uno de los apartados al e-book o libro electrónico, pero concluye finalmente que “el atractivo aparente de este nuevo soporte de lectura quedó rápidamente desmentido por diversas y fundadas razones”  y, citando a Jerome S. Rubin, dice que “era equivalente a las viejas tablillas donde en la Antigüedad se inscribían los textos; era, incluso, una tecnología más rudimentaria que aquella, y la lectura en ese medio adolecía de un sinnúmero de defectos”[2]
 
Poniéndolos aparte de todos los demás elementos en cuestión (bases de datos, páginas web, e-books, etc.) dedica también un aparatado a la tinta y el papel electrónicos, herramienta de la que sugiere que “se inscribe en la cadena evolutiva del libro, mientras los e-books pertenecen a otra familia de la evolución técnica”[3]. Afirma, pues, que, al ser prácticamente idéntico el libro de tinta y papel electrónicos al tradicional, estos elementos son parte de la evolución del libro, como lo fue en su momento la portada por ejemplo. Pareciera aquí sugerir que estos libros sí están en posibilidades de suplantar al libro tradicional. Sin embargo, este artículo fue publicado en el año 2002, es decir, han pasado hoy dieciséis años y este tipo de libros no ha quitado su protagonismo al libro impreso en papel y con tinta tradicionales. Aquí es importante recordar otras palabras suyas: “el efecto que sobre las prácticas culturales tienen los cambios tecnológicos es siempre diferido”[4]. Esto puede hacer que dieciséis años sin la cristalización de los cambios presentidos no parezcan en realidad gran cosa y que toda amenaza acusada desde que empezó este ya viejo debate pueda considerarse vigente todavía.
 
No obstante, en su último apartado apunta que “todo parecería indicar que el libro, hoy, es algo radicalmente diverso de aquello que fue […] Empero, aunque parezca paradójico, esta presentación intentó demostrar que, en verdad, todo es razonablemente igual a como era.”[5]
 
Otro argentino, Gregorio Weinberg, escribe en 2006: “convengamos en que el libro sigue siendo el soporte sobre el que se construye la sociedad de la información; más aún, es inadmisible aceptar que exista una tensión entre el libro y la computadora; en última instancia, los espacios virtuales como internet sólo son posibles por la preexistencia de la letra impresa”[6]. Es decir, ambos ensayistas y editores están de acuerdo en que el libro impreso permanecerá. Podríamos unir sus voces, junto con las de Umberto Eco y Jean-Claude Carriere en la oración que le da título a un libro en el que se publica una entrevista realizada por Jean-Philippe de Tonnac a los últimos dos: Nadie acabará con los libros.[7]
 
       En este libro, a manera de charla, los dos personajes entrevistados, en un discurso lleno de digresiones sobre los más diversos temas, hacen un somero recuento de la historia de la destrucción de los libros y los numerosos enemigos que han tenido. Jean-Claude Carriere muestra un incunable de finales del siglo XV y dice: “aún podemos leer un texto impreso hace seis siglos. Pero ya no podemos ver una cinta de video o un CD-ROM de hace apenas algunos años. A menos que conservemos nuestros ordenadores en el trastero.”[8]
 
Una de las características de la tecnología es la rapidez con que se vuelve obsoleta, hay que estar constantemente cambiando de equipos y de dispositivos, ante esto, el libro ofrece la gran ventaja de mantenerse accesible de la misma forma y con la misma facilidad a través de los siglos, como lo ilustra bien el ejemplo del incunable. “No hay nada más efímero que los soportes duraderos”[9], “objetos que podrían quedarse mudos”.[10]
 
A pesar de la maravilla que representan el papel y la tinta electrónicos –verdaderamente un hecho de ciencia ficción vuelto realidad– no parece que vaya a quitar de escena al libro de papel y tinta tradicionales, otro fenómeno que apoya esta aseveración es la revaloración que desde el gobierno y otras instancias tanto del sector público como del privado  –al menos en apariencia– se le está otorgando al libro: bibliotecas de aula y escolares, concursos a escritores para entrar en estas bibliotecas, premios nacionales e internacionales de literatura que incluyen la publicación –en modo tradicional, claro–  del libro ganador, el Programa Nacional de Salas de Lectura, concursos de lectura, el surgimiento en las últimas décadas de montones de editoriales “independientes” que, independientemente de su calidad, el hecho es que imprimen libros.[11]
 
Internet y los archivos electrónicos (PDF,Word, etc.) tiene verdaderamente un cierto y creciente protagonismo, sin embargo, no es mayor al que desde hace mucho tiempo ha tenido la fotocopia: aún no es demasiada la gente que está dispuesta a leer un libro completo, o un texto de más de 40 páginas, a través de la pantalla iluminada de una computadora, incluso se suelen imprimir los textos largos para su lectura en papel.
 
Las comparaciones papel vs pantalla (necesidad / no necesidad de suministro de energía eléctrica, portabilidad, comodidad, daños a la salud del ojo, etc.) son ya muy famosas y conocidas, podría decirse que constituyen un lugar común en el debate sobre las nuevas tecnologías y el libro. El uso del internet, en cambio, sí ofrece, me parece, algunos puntos discutibles que no han sido parte central del análisis, de los cuales mencionaré dos a continuación, partiendo ambos de la premisa de que, independientemente de cómo puedan afectar al mundo del libro, tienen al menos un aspecto positivo para él, hay una forma en la que funcionan más como aliados o auxiliares que como enemigos:
 
1) Internet y la venta de libros. Si bien con la llegada de Internet se privilegió la copia descontrolada de contenidos cuya distribución era antes exclusiva del papel impreso –el caso de Google Books es emblemático– esto, como mencioné antes, no es mayor al problema que sigue siendo en materia de derechos patrimoniales la fotocopia. En cambio, Internet vino a ser una herramienta nueva al servicio de las grandes librerías para la venta de libros, con lo cual lo es también para las editoriales: los catálogos en línea  de las editoriales y de las librerías, independientemente de en qué proporción, han colaborado para la venta de libros –ventas en línea– en territorios donde no tienen sucursales, libros que son comprados mediante la red y enviados por medio de correo postal.[12]
 
2) Bases de datos. Básicamente existen dos tipos de bases de datos, de acuerdo con el servicio que proporcionan, o dos tipos de servicios, más exactamente: a) los datos bibliográficos de libros, artículos o revistas sin el contenido de éstos, y b) los libros y los artículos con el texto completo. En el primer caso, lo que las bases de datos hacen es justamente facilitar, propiciar la llegada de los lectores al libro, con lo cual son exactamente un aliado del libro, no un enemigo; en el segundo caso la cuestión es distinta, pero puede ser vista también como un elemento a favor del mundo del libro o mundo editorial si se tiene en cuenta que dichos contenidos suelen ser de una especialización significativa, a tal grado que el hecho de que dejen de imprimirse en grandes cantidades es algo que resulta también positivo para el dicho mundo del libro. Los lectores para este tipo de materiales suelen ser muy reducidos, razón por la cual su publicación no suele ser un acierto editorial, al menos en lo que al aspecto comercial se refiere, por lo tanto, que su disponibilidad íntegra en internet limite su existencia física impresa, es más bien una ventaja, y no al revés. Que una editorial, aunque sea universitaria, deje de publicar un n número de ejemplares de un libro del tipo de –es un ejemplo hipotético– Los zapatos rojos en la obra de Alejandro Dumas, porque su publicación en medios electrónicos hace que esté disponible para cualquier posible lector interesado en el tema, no puede ser sino un avance. El número de lectores de un libro o una publicación de este tipo es verdaderamente reducido y se limita a investigadores de literatura, profesores, estudiantes o algún apasionado de la obra de Dumas, lo cual no justifica una impresión del material. En este sentido, el mundo del libro gana con las bases de datos y con los ebooks, no pierde.
 
 El libro, además, es por excelencia el símbolo de la cultura, tanto en el amplio sentido antropológico de conjunto de obras, objetos y acciones no propias de la naturaleza que forman nuestra vida cotidiana, como en el reducido de conjunto de conocimientos; no parece posible, pues, que esto cambie ni siquiera en un futuro conformado ya por las generaciones que han nacido con el mundo electrónico-tecnológico a cuestas, sino que parece inevitable que continuará vigente como lo que es a pesar de cualquier cosa. Lo cual por supuesto no puede tampoco afirmarse de manera inequívoca.
 
Estamos, pues, ante una cuestión extremadamente incierta en donde lo único evidente e irrefutable es que la industria alrededor del libro ha seguido una línea de crecimiento a pesar de todo, evidente ésta tanto en el ya mencionado brote de nuevas editoriales como en la apertura de nuevas sucursales de librerías, que se ha venido dando a la par del desarrollo en las nuevas tecnologías de la información. Parece, en estas condiciones, imposible hacer ningún pronóstico ni aportar nada nuevo al debate, sin embargo, hablamos de una victoria del libro en tanto que “sigue siendo el rey” de la vida cultural, académica y, sobre todo, literaria.
 
Este último campo de acción o existencia del libro, el de la literatura, parece perfilarse para ser el que mantendrá en existencia incaducable la presencia del libro en formato tradicional (tinta y papel). En el citado artículo de Alejandro Katz hay también un apartado titulado “La literatura: el buen vino se toma en copas de cristal (sólido)”, donde afirma “que el mejor soporte para ese tipo de obras y ese tipo de lecturas es y seguirá siendo, por largo tiempo, el libro, tal como lo hemos conocido hasta hoy”.[13]También Umberto Eco y Jean-Claude Carriere, en la citada entrevista, dejan ver con claridad su inclinación hacia esta idea.
 
Tiene mucho de lógica, los contenidos a que más convienen los soportes y las ventajas de los medios electrónicos son los que están sujetos a cambios rápidos y que adquieren fácilmente obsolescencia: el ámbito de la investigación científica, principalmente; para ello es ideal el conjunto de propiedades de la edición y la distribución por medio de las nuevas tecnologías, no así para los contenidos literarios: El Quijote será siempre El Quijote, y no requerirá de modificaciones de última hora, como una determinada teoría científica que puede publicarse hoy y descartarse mañana:
 
“No es difícil imaginar que la primera categoría mencionada –la producción de conocimientos de vanguardia– se oriente a una circulación en el medio electrónico, básicamente por dos razones: la primara tiene que ver con la velocidad, la segunda con la cantidad. […] En sentido inverso, tampoco es difícil comprender por qué el conocimiento ensayístico se continúa editando […] al igual que las obras literarias, en los formatos tradicionales.”[14]
 
José Antonio Vázquez, en un artículo sobre “El futuro de las librerías…”[15]manifiesta algo similar, aunque con mucha mayor ambigüedad y con menor osadía: no se atreve a afirmar nada en concreto, sino que seguirán conviviendo por mucho tiempo ambos tipos de soporte, sin embargo, deja claro que su preferencia es hacia el libro tradicional y, en un intento por mantener objetividad, deja la responsabilidad de la decisión a las futuras generaciones; hablando de los dos formatos en cuestión, dice en la primera página de su texto: “cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes con respecto al otro, y serán las generaciones futuras las que terminarán pronunciándose. De manera que decir que los dos formatos convivirán durante mucho tiempo –lo cual es cierto– ya no es añadir mucho.” Algo quizá más relevante que señala también en su página inicial es, “sobre la desaparición o el cierre de las librerías […] Las razones pueden ser muy diferentes según el tipo de librería del que estemos hablando: la actual crisis, estrategia comercial, pocas ventas, etc. En ningún caso podemos asegurar […] que al día de hoy una librería cierre por la aparición del libro digital”.
 
       Y sobre este tema de las librerías podríamos decir lo mismo que de los libros hemos dicho: las librerías electrónicas no han hecho ni parece que harán desaparecer a las tradicionales, a pesar del tamaño y la potencia de Amazon Libros; también las librerías «tradicionales» se están subiendo a la red, y podemos comprar en Internet cualquier libro del inventario de La Casa del Libro, de Gandhi, de Porrúa, de El Péndulo, del Fondo de Cultura Económica o El Sótano. La cosa, pues, parece ser la mezcla, la fusión, una vez más, la adaptación para la victoria.
 
Por último, cabría decir que un cibernauta y un lector no son precisamente lo mismo, todo lector será seguramente un cibernauta también, pero no al revés, es difícil imaginar a un lector cuyos hábitos de lectura se limiten al uso de una computadora u otros recursos electrónicos. En gran medida, el internet funciona como un conector del libro con su lector. Muchos de los libros que hemos leído, o que un nuevo lector empieza a leer, suelen ser libros que llegaron a nuestras manos sin que lo hayamos ido a buscar, un libro que tomamos en casa, que nos regalaron, que nos prestó un amigo, y esta labor de acercar libros y lectores, también suele cumplirla Internet, sobre todo ahora con las redes sociales. Aunque quizá pueda parecer conclusión ilógica ante tanta ambigüedad, me parece que, al menos de momento (y permanentemente quizá en el caso de la literatura), puede declararse la victoria del libro.
 
 


 

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Más de libros:
Poemas completos de Cavafis, reseña de Ángel Gustavo Rivas.

Bibliografía.
Eco, Umberto, y Jean-Claude Carriere, Nadie acabará con los libros, Helena Lozano                                   Millares, traducción, con la colaboración de Jean-Philippe de Tonnac (entrevistador),  Random House Mondadori, México, 2010.
 
Katz, Alejandro, “¿Qué es el libro hoy?”, en Sagastizábal, Leandro de, y Estevez Fros, Fernando, El mundo de la edición de libros, Paidós Diagonales, Buenos Aires, 2002.
 
Vázquez, José Antonio, “El futuro de las librerías. Sobre tendencias, marketing y las nuevas tecnologías.”: http://libreriamichelena.blogspot.com/2010/07/el-futuro-de-las-librerias-sobre.html, consulta: 06 de marzo de 2011.
 
Weinberg, Gregorio, El libro en la cultura latinoamericana, Juan Pablos Editor, México 2010.
 
 
 
 

 


[1] Katz, Alejandro, “¿Qué es el libro hoy?”, en Sagastizábal, Leandro de, y Estevez Fros, Fernando, El mundo de la edición de libros, Paidós Diagonales, Buenos Aires, 2002, pp. 15-32. Todas las referencias a este autor serán de este artículo y en adelante citaré sólo el número de página.
[2] Ibid, p. 26.
[3] Ibid. p. 28.
[4] Ibid. p. 30.
[5] Ibid. p. 30.
[6] Weinmberg, Gregorio, El libro en la cultura latinoamericana, Juan Pablos Editor, México 2010, pp. 90-91.
[7]Eco, Umberto y Jean-Claude Carriere, Nadie acabará con los libros, Helena Lozano Millares, traducción, con la colaboración de Jean-Philippe de Tonnac (entrevistador), Random House Mondadori, México, 2010.
[8] Ibid. p. 30.
[9] Ibid. p. 29.
[10] Ibid. p. 40.
[11]La Cabra Ediciones, Ediciones El Viaje, Anónimo Drama Ediciones, además de un importante número de Cartoneras son buenos ejemplos.
[12] En todo el estado de Sinaloa, por ejemplo, no hay una sucursal de Gandhi o del FCE, por Internet, sin embargo, es posible comprar en estas librerías y los productos adquiridos llegan por correo postal o por paquetería hasta el domicilio del comprador.
[13] Katz, Alejandro, p. 22.
[14] Ibid. pp. 24-25.
[15] Vázquez, José Antonio, “El futuro de las librerías. Sobre tendencias, marketing y las nuevas tecnologías.”: http://libreriamichelena.blogspot.com/2010/07/el-futuro-de-las-librerias-sobre.html, consulta: 06 de marzo de 2011.

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«La sangre de Antígona» de José Bergamín



Libro La sangre de Antígona, del escritor español José Bergamín




La sangre de Antígona de José Bergamín
Ángel Gustavo Rivas
 
La Antígona de Bergamín manifiesta, como su mayor constante, el lamento por la vida que quiere ser y no puede por la imposición externa de la fuerza; Antígona aclara que no es la ley, sino la fuerza la que la sofoca, la que le aplasta la garganta y la ahoga. Ella no quiere vivir ni morir, quiere ser. Antígona es el instrumento de expresión que Bergamín utiliza en el contexto de la dictadura española y el consecuente exilio (dictadura que se ha instalado tras una cruenta guerra); pero antes del exilio está la muerte, por supuesto injusta, de sus compatriotas, los partidarios de la República, entre ellos amigos, familiares y miles de españoles desconocidos, pero unidos por el mismo dolor.

La nostalgia real adelantada de lo que ya no será, no sólo de lo que habiendo sido ya no es, sino también de lo que pudo haber sido, lo que podría ser y no es ni será. A la Antígona de Sófocles la muerte de sus hermanos le da su propia muerte, a la Antígona de Bergamín también. “No quiero morir matando… No quiero matar”, dice Antígona a sus hermanos, y es que a los españoles, como a Antígona, la muerte de sus hermanos a manos de la injusticia, y la subida y permanencia en el poder del tirano, pareciera exigirles matar, pero ninguno quiere hacerlo. A ambos se les roba la vida no vivida, a ambos la injusticia los humilla, los hiere, los afrenta, pero desean el fin de la cadena de violencia y muerte; no quieren venganza, anhelan justicia, anhelan paz: “Ustedes con su ley, con sus murallas, con su fuerza, quieren prolongar el odio, más allá de la muerte, separando sus cuerpos desangrados cuando ya la tierra ha bebido, juntándolas en una sola, esa sangre suya. Yo no derramaré más esta sangre. Yo vuelvo de entre las sombras infernales, luminosamente, con el alma encendida de amor”.

El diálogo de Antígona con las sombras de sus hermanos manifiesta esa lucha interna de quien no desea continuar la violencia; la sangre de los caídos pareciera presionar a la hermana, al hermano, al compatriota vivo a comprometerse con ella, a encargarse de ella, “ustedes me arrancan la libertad del amor. Y ahora estoy prisionera de sus sombras” “¿Qué quieren que haga?”, les pregunta Antígona, “Vivir por nosotros”, le contesta uno, he ahí la presión, “Y no morir en vano”, se repite la exigencia. Es decir, tanto su vida como su muerte se le exigen en función no de sí misma, si no de los otros, los muertos.

Aquí la expresión de la propia voluntad, del deseo propio, la rebelión y la resistencia a ser un eslabón más en la cadena de muerte: “¿Por ustedes también debo matar? No, no quiero morir como ustedes, matando. No quiero matar. No quiero tener que matar para que otros vivan de mi muerte. Yo no quiero morir ni vivir, sino ser.” He ahí su deseo sincero: ser. Y es que morir para que otros vivan de su muerte es el destino previa e implícitamente aceptado de un soldado que lucha por la libertad de su pueblo. Antígona no es exactamente un soldado, pero sus hermanos sí, y ellos le dicen “nuestro destino es el tuyo. Es el destino de nuestro pueblo.” También es significativo el hecho de que Antígona se viste aquí con el uniforme militar de su hermano Polinices. Y esa es la exigencia que se le impone. Los dos hermanos le piden, le exigen o la cuestionan por sí mismos, en función de sí mismos y nunca de ella: “¿Por qué viniste a sepultarme?” dice uno, “¿Por qué no vienes a libertarme del sepulcro?” dice el otro, y en ese diálogo estas dos preguntas se repiten y se repiten.
 
Pero una exigencia más propia le impide aceptar ese destino: quiere ser. El deseo de ser, la voluntad de ser generan esa rebeldía, no logra sin embargo salvarla, pues “su libertad es esa llama que destruye aquello mismo que la sustenta”, he ahí lo trágico: el destino fatal, ineludible. Paradoja: su libertad es su condena,  la vida le desgarra las entrañas.
 
La última participación del niño (hay un niño) es un tanto sorpresiva y sorprendente: además de irónica, luego de pronunciar un discurso en el que declara la inutilidad de la muerte, del derramamiento de sangre, uno de cuyos versos dice literalmente «no se maten ya más, mis hermanos», el niño saca una pistola que traía oculta y mata a todas las mujeres que, para reforzar el contraste o lo irracional, lo inentendible, acaban de pronunciar la misma estrofa que él terminó de cantar, estrofa que parecía recomendar y procurar la paz. En esta escena puede verse un actuar irracional y contradictorio, una cosa se dice, otra cosa se hace; hay, pues, un discurso falso, contradicho por los hechos, por las acciones, como suelen ser los discursos de los tiranos. El hecho de que la acción sea realizada por un niño aumenta la sensación del absurdo, de que algo está muy mal.
 
La muerte de Antígona en estas circunstancias, ante estas presiones, representa el triunfo de la injusticia, de la fuerza impuesta; la muerte no tiene sentido, parece recordarnos la frase «ni aun matando pudieron encontrar su patria»; un triunfo que sin embargo no puede sentirse contento de serlo, y no lo es del todo, pues, aunque muere, Antígona eligió no matar, no morir matando, y con esto ejerce una modificación en esa cadena de muerte que parecía presentarse como destino también impuesto e ineludible; no puede evitar morir, pero puede evitar matar, y de este modo, ejerce la única libertad que le quedaba posible y se impone también, de cierta manera, su propia voluntad.
 
 
Libro la sangre de Antígona de José Bergamín



 
 
 
 
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«Veinte poemas de amor… o leer poesía para entendernos mejor», Ángel Gustavo Rivas

 



Veinte poemas de amor y una canción desesperada es verdaderamente un clásico latinoamericano, un clásico de la poesía de amor, un clásico, en definitiva, universal, como todo clásico verdadero. La primera vez que leí completo este libro escribí poemas de amor y de tristezas durante una semana, por ese entonces vivía en la colonia Tabacalera de Ciudad de México y asistía a un taller de poesía con Ricardo Yáñez.
      El libro es corto, como ya lo deja sospechar su título, pues está conformado, como el nombre lo dice, por veinte poemas y una canción (otro poema, al fin); aclaro esto por aquello de «la primera vez que lo leí completo», la oración, sin embargo, es pertinente y exacta; y no es que haya intentado leerlo varias veces y lo haya dejado hasta que una vez por fin lo leí completo; lo que sucede es que algunos de estos poemas son tan famosos y conocidos, que todo lector de poesía conoce uno o varios de ellos antes de llegar a tener por primera vez un ejemplar del libro entre las manos (o en la pantalla).
      Y con esto último retomo el tema del libro como un clásico; esas cosas le suelen suceder a los clásicos, se vuelven, en diferentes modos y medidas, patrimonio de la lengua, patrimonio común de los hablantes, aunque de esto no todos los usuarios de la lengua lleguen a tener conciencia. Hay muchas frases provenientes de la literatura y de los libros en general que la gente utiliza aunque desconozca su origen; sobre este asunto he escrito otro artículo, y pronto lo compartiré para profundizar en ello y comentar frases del lenguaje cotidiano que se integraron a él después de haber nacido en obras literarias; por ahora quiero decir algún par de cosas más sobre Veinte poemas de amor
      Quién no conoce, si le gusta la poesía (y a veces aunque no le interese) el verso «puedo escribir los versos más tristes esta noche», prácticamente no hay hablante mayor de trece años, alfabetizado, que lo desconozca (sin duda habrá, estoy usando una hipérbole); así como casi cualquier lector ha oído o leído la frase «En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”, sin haber leído la obra de Cervantes.
      Porque, de nuevo, estas cosas suelen suceder con los grandes libros, esos que denominamos clásicos.
      En mi opinión, no se ven las cosas igual antes y después de ser lector de poesía, antes y después de cada lectura; aunque todos nos enamoramos y somos felices y somos infelices y experimentamos toda una gama de sentimientos y de sensaciones a causa del amor, o del enamoramiento, todo esto se vive de formas muy distintas si se es o no lector de poesía. Es, claro está, una opinión, habrá otras y  muchas que difieran, pero la mías es ésta.
      Y es que los poemas nos hacen sentir que es posible que otros nos entiendan, es un extraño proceso de inversión de la idea de comprender: uno siente, al leer esas líneas abstractas y subjetivas que son los versos, uno siente a veces que entiende lo que dicen o lo que quieren decir, y entonces, casi de inmediato, uno siente, en sentido inverso, que uno es comprendido, y así nace en muchos casos -tengo esta teoría- el gusto y el amor por leer poemas: la sensación, acaso ilusoria, de que los hombres podemos entendernos, de que lo inefable se pude finalmente compartir.
      Como todos los procesos suceden más rápido a medida en que avanzan los tiempos, cada vez más, así como la tecnología se vuelve más pronto obsoleta, así también es más fácil y más rápido que la poesía de determinados tiempos, que las obras en general de determinados tiempos, sea percibida por mucha gente como algo anticuado; hoy, por ejemplo, hay una cantidad de poetas que desdeñan escribir en verso rimado, y claro que antes de pensar que entre las posibles causas esté una probable dificultad para crear buenas obras en rima, me inclino a pensar que se debe simplemente a que son personas de su tiempo, de este tiempo ya tan revolucionado, ya tan moderno y posmoderno y hasta ultraposmoderno; y las sensibilidades cambian, es obvio.
     El párrafo anterior es largo, quizás perdí unos lectores en su transcurso, pero a ti que sigues leyendo, te comento que quizás la poesía de este libro para muchas personas resulte algo del pasado, pero en realidad la poesía clásica no tiene cercos de tiempo, como la literatura universal no los tiene de idiomas.
      Tantos adjetivos pueden hacer que la literatura parezca algo muy técnico, cuando se trata de una materia muy humana, lo que sí se tecnifica es el estudio de la literatura, pero aquí te invito no  estudiarla con tecnicismos, con conceptos teóricos, si no a leerla, a disfrutarla, a vivirte en ella, con ella, porque la vida tiene una posibilidad de extensión sensitiva con el arte; la experiencia tiene una posibilidad de extensión en el arte; el aprendizaje empírico es posible leyendo libros.
      “Yo la quise, a veces ella también me quiso», ¿no te sientes identificado? Quizás, si eres un lector muy joven o con poca experiencia, pueda pasar que no, aunque aun siendo eso dudo que no; pero sigue leyendo: «Era la boina gris y el corazón en calma», oración adjetiva con gran capacidad evocadora y adaptativa: ¿qué o quién era la boina gris y el corazón en calma? Para Pablo Neruda no sabemos quién, o qué; pero es bueno el verso, quizás te sirva para vivir un recuerdo de tu pueblo, de tu abuela, de tu mascota, de un libro, de un tiempo, de un amor, de un juguete, de un árbol, de qué sé yo…
      Los hombres, estoy seguro, podemos entendernos mejor si leemos poesía.

      Hay ciertas sensaciones que vivimos -en el presente o en el pasado- que no logramos realmente decir, describir, compartir de manera objetiva, pero oraciones del tipo «era la boina gris y el corazón en calma» nos abren acaso una posibilidad, es abstracta la cosa, pero a veces nos proporcionan al menos las sensación de sentir que nos comunicamos.
      Para leer el libro puedes ir a una biblioteca, a un librería, o buscarlo en internet; en este blog encontrarás enlaces de Amazon y otras librerías, puedes comprarlo por aquí, desde luego yo lo recomiendo. Sigo escribiendo por acá, y nos seguimos leyendo, colega de la humanidad.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada
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P.D. La imagen de esta página la he creado yo y no corresponde a ninguna edición existente, ¿no está nada mal, eh? Jejeje. Vuelve pronto! 😉


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Portada de Poemas completos de Cavafis, edición de Juan Pablos

«Poemas completos» de Cavafis, Ángel Gustavo Rivas


Breve resena de Poemas completos, de Constantino P. Cavafis, publicado por Juan Pablos en México

Este libro contiene, se supone, todos los poemas que escribió Constantino Cavafis. La colección de los poemas completos de Cavafis viene en orden histórico, en orden de aparición, de escritura. No incluye ni estudio preliminar, ni prólogo, ni introducción, ni ningún tipo de texto prefacial. Son los poemas, nada más.
El primer apartado es “Poemas anteriores a 1911”; de éste al último, “Poemas de 1933”, que incluye solamente un poema, hay un recorrido de veintidós años, sin embargo, la calidad de la escritura poética de Cavafis parece haber sido alcanzada desde los primeros textos. La recopilación muestra a un autor maduro desde los primeros poemas, un autor que encontró y alcanzó el tono de su lírica desde un principio y que lo llevó después a ejercicio plenamente, sumando no ya mejoría sino obra.
 
Cavafis es un autor de la experiencia; independientemente de lo que de realidad haya habido en las situaciones que sus poemas recrean, el grueso de ellos son eso, recreaciones, representaciones de experiencias, anécdotas, situaciones de la vida. Sus personajes, griegos, generalmente hombres homosexuales que transmiten su experiencia del goce del amor carnal o simplemente de la sensualidad, la apreciación de la belleza, el deseo; circunstancias peculiares o situaciones muy particulares como la pérdida del  patrimonio, del amor, el envejecimiento, la nostalgia, la impotencia, el desamor, son temas frecuentes en sus poemas.
 
La antigua Grecia no ha pasado de moda en la obra de Cavafis, y así como es posible encontrar entre sus poemas a un cristiano moderno, es posible también encontrar a Aquiles y a Príamo, a un sacerdote cristiano de la modernidad o a Apolo y su oráculo de Delfos. Su gran tema, sin embargo, es el amor homosexual, por eso, supongo, hay un apego y una exaltación de la Grecia antigua, con la sensualidad y el libre amor entre hombres. Algo tiene en común, por supuesto, con la poesía de Hölderlín, esa predilección por la cultura helénica, sus dioses y su forma de vida; nada que ver, por otro lado, la complicadísima sintaxis del poeta alemán con la poesía sencilla del griego. Otra diferencia es la distancia que guarda el personaje lírico de Cavafis de los dioses, no le interesan tanto ellos como los jóvenes hermosos; Hölderlín, en cambio, muestra un gran respeto por la teología griega, padre, llama al Dios olímpico Zeus.
La fórmula más común en este poeta  es el empleo de la tercera persona, y en segundo lugar, la primera persona para relatar sensaciones, sentimientos, o simples situaciones. A veces el recurso de la narratividad o el empleo de fórmulas o técnicas narrativas llega a ser bastante explícito.
 
 

Portada de Poemas completos de Cavafis, edición de Juan Pablos

 
 
 
Título: Poemas completos.
Autor: Constantino P. Cavafis.
Editorial: Juan Pablos.
Ciudad y año: México, 1987. Versión de Juan Carvajal. 200 páginas.
 
 
Ángel Gustavo Rivas
 
 
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