Poema «El miedo», de Ángel Teodoro Rivas

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El poema de “El miedo”, de mi hijo Ángel Teodoro Rivas

Ayer grabamos este poema de “El miedo”. Teodoro, como siempre, escribía sobre la mesa en su cuarto y yo escribía en el vejestorio de computadora de la sala, cuando de pronto escucho su voz que me llama: “Papá, ya escribí otro poema, se llama “El miedo”; acto seguido, yo me levanto de mi silla y voy hacia donde está él, para que me lo lea.

Le dije que lo grabaría y estuvo de acuerdo, quise esta vez grabarlo desde su primera lectura, porque siempre me encanta, aunque se equivoque más, aunque titubee más, aunque lo que sea, siempre la primera lectura que hace en voz alta es única, más espontánea, desde luego, que todas las posteriores.

Pero bueno, no sé qué tanto habrán influido mis comentarios, que no todos fueron precisamente sobre su poema o la creación literaria, sino que hablamos también de insectos y de su presencia en las casas, el hecho es que después de que hicimos la grabación Teodoro escribió un poco más y, por lo tanto, el poema que en este video se muestra no está completo, lo completó más tarde. Quise de todos modos compartirlo para que vayan viendo un poquito más o menos como lee mi hijo sus propios textos. Lo que escribe mi hijo cuando escribe poesía es muy variado, este es un texto con cierta tendencia narrativa, pero a veces el nivel de abstracción en sus poemas es realmente admirable, para que lo vean ustedes mismos, visiten el enlace de su primera lectura pública, que al momento en que esto escribo no ha tenido lugar aún, pero ya habrá sucedido probablemente ahora que tú lo lees. El video se habrá de encontrar aquí.

La versión completa de este poema seguramente la leerá en directo en la transmisión del próximo domingo 01 de agosto, allí los esperamos, ojalá puedan acompañarnos.

Si no pudieren asistir a la lectura en vivo, o si llegan a este texto en el futuro, cuando esta lectura sea ya parte del pasado y no del porvenir, pues vayan de todos modos al enlace de la lectura “Ángel y Ángel: lectura de poemas”, que el video quedará grabado y disponible allí. El enlace es éste.

Esto otro ya no se lo dije a mi hijo, porque no quiero meterle ideas estorbosas en la cabeza, pero el riesgo de compartir este video es que la gente va a pensar que tenemos cucarachas en la casa, jajajaja, y peor los que ya conozcan mi propio poema sobre las cucarachas, pero en fin, qué más da, ése es un riesgo que corremos permanentemente los escritores: que haya gente que piense que todo lo que decimos en nuestros textos es algo que nos pasa y que nos sigue pasando, jajaja.

La verdad es que hemos luchado contra la plaga de las cucarachas en diversos domicilios, y siempre que se aparezcan estaremos listos para la batalla, con miedo o sin miedo, estaremos listos, jeje.

Y ahora, la lectura del poema por el mismo Teodoro:

Había escrito un párrafo o dos más sobre el final que luego de esta grabación agregó Teodoro a su poema, pero no he dado con ellos, si aparecen, los traeré.

Por ahora es todo, muchas gracias por pasar.

Ángel Gustavo Rivas
Ángel Teodoro Rivas


Más que leer:
Un poema para mi hijo y breve reflexión sobre el trabajo de escribir
Mi hijo está escribiendo un libro
Poema «Memoria», Ángel Gustavo Rivas

Otros sitios:
Biblioteca de Autores Mexicanos (BAM)

Un poema para mi hijo y breve reflexión sobre el trabajo de escribir, Ángel Gustavo Rivas


Poema que improvisé con Teodoro una vez que no quería hacer una planita que le encargué:

Hijo mío bonito, no quiero que llores,
yo quiero que aprendas a vivir feliz;
si duele la espina, perfuman las flores;
si el trabajo cansa, permite vivir. 

Rompe tus barreras para ver mejor.
Recuerda aquel salto de las escaleras:
por ir adelante, el miedo se fue.
No querías saltar, pero al fin saltaste
y cuando saltaste lo hiciste muy bien.
Parecían muy grandes los tres escalones,
como si imposibles de poder saltar,
pero con tus plantas, puntas y talones
bien aterrizaste después de brincar.

Te quitaste el miedo, que era la barrera,
y ya al destruirla pudiste saltar,
porque aquella barda que tanto estorbaba
no te permitía la verdad mirar.

Deja la flojera, no digas “no puedo”,
deja la flojera y ponte a escribir,
porque de que puedes, sabemos que puedes,
todo es empezar y después seguir. 

Ángel Gustavo Rivas

 


Breve reflexión tipo ensayo que sobre la escritura me aventé con el pretexto de los versos precedentes 

Al releer estos versos encuentro que algunos de ellos quizás no sean muy aptos para ser dirigidos a un niño, no por nada malo, sino simplemente por el registro del lenguaje y por el significado. Desde la primera estrofa, los versos 2 y 4 ya no parecen versos para un niño, que lo son, escribí este poema para mi hijo, con él a mi lado, y le leí estrofa por estrofa conforme las iba escribiendo. Sin embargo, y es por esto que he decidido escribir esta reflexión, creo que también los escribí para mí. No es la primera vez que siento esto, aunque ahora el ejercicio reflexivo, el ejercicio de análisis lo inicié realmente en la relectura, no ahora que transcribo esto a documento digital, sino desde antes, cuando releí el poema en el mismo texto manuscrito original, ese que escribí con pluma y sobre el reverso de la misma hoja en que Teodoro escribía aquella planita inconclusa y cuya fotografía acompaña esta publicación.

Todos los consejos o las aseveraciones en esos versos contenidas van, desde luego, realmente sinceras de mí para mi hijo, pero mi hijo es pequeño y en estos momentos muchas de ellas nada le dirán; a esta situación he decidido responderme que de este modo el poema más le dura: seguirá teniendo versos nuevos para etapas posteriores de la vida, no nuevos, sino de nueva comprensión acaso, de utilidad futura, utilidad que entrará en vigor más adelante, aunque los versos estén escritos ya, desde ahora.

Luego he observado también los versos de la última estrofa, toda, habla de la escritura y, al menos por ahora, el que de eso se ocupa principalmente -aunque mucho menos de lo que quisiera- soy yo, y digo principalmente porque justo esta semana Teodoro escribió su primer cuento, se llama “Caperucita con el conejo” (lo publicaré, junto a video donde lo lee, en este mismo Jacalito), lo escribió por encargo de su maestra, pero igual vale porque es de todos modos su primer cuento y fue él con sus manos, su lápiz y su imaginación quien lo ha creado. También yo, de hecho, escribí mi primer cuento, como tal, por encargo de una maestra, bastante más grande ya, de la edad de 14 años, en primero de prepa. 

Bueno, retomando la estrofa, es un llamado a escribir, a dejar la flojera, a vencer las barreras mentales que nos dicen que no podemos; Teodoro no quería escribir, es cierto, pero en ese caso la escritura era un encargo que tenía el fin de practicar el ejercicio mecánico de la escritura, no era escritura creativa, tenía que copiar lo que ya antes yo había escrito, por lo tanto, quizás esa estrofa resulte, aún más que los dos versos primero citados, una estrofa en la que me hablo, en la que intento quizás comunicarme conmigo. Podría parecer una locura, pero los recursos del espíritu nos pueden sorprender, las salidas del subconsciente son diversas. 

Es un hecho, y no es nuevo desde luego, que quienes escribimos escribimos para nosotros, pero también para los otros, y en poemas como éste, que son exprofeso, según la intención de uno, escritos para un otro, quizás valga la pena, en general, ponerle atención a estos detalles. Lo digo, ahora sí, también para los otros, para quienes me leen, para quienes escriben, para quienes quieren escribir.

La reflexión sobre la escritura propia es, en mi opinión, la primera y la más importante herramienta para mejorar como escritores, y, de hecho, la única imprescindible (la lectura es requisito previo y permanente). Yo siempre he pensado que el taller más importante al que puede asistir un escritor o alguien que desea serlo, es el taller con uno mismo, el autotaller, el trabajo propio con el trabajo propio, es decir, el trabajo propio sobre la escritura propia. La postproducción escritural, podríamos llamarle, aunque en realidad la postproducción escritural sería sólo una parte de este trabajo del que hablo, que tendría -tiene- muchas más áreas de acción, por ejemplo la sola reflexión, más allá del llamado “pulimiento” de los textos, pulimiento que consiste en actividades como revisar la pertinencia de algunas palabras y decidir si se quedan, se cambian o se van, revisar si conviene algún cambio en la estructura de tal o cual frase u oración, detectar palabras que acaso se repitan más de lo conveniente o rimas involuntarias que quizás convenga eliminar u otra cantidad de cosas por el mismo estilo.

La reflexión sobre la escritura, por otra parte, puede ejercitarse largamente y con mucho provecho incluso sobre textos que hayan ya sido descartados después de mucho trabajo en el intento de su pulimiento. Yo tengo, literalmente, miles de páginas en documentos de word y en libretas de textos que he descartado y que lo más probable es que nunca publicaré, pero con todos ellos he aprendido, incluso  a eso, a descartar, porque no se trata de publicar absolutamente todo lo que a uno le sale al escribir.

Hay textos también que, a pesar de ser ya textos descartados, de repente me encuentro hojeando alguna vieja libreta o explorando documentos digitales y, pese a que no serán nunca publicados, en la relectura les hago cambios ocasionalmente, es decir, los sigo trabajando, tallereando, editando, aún tratándose ya irrevocablemente de textos fallidos. El texto no saldrá, pero el trabajo que sobre él se haga beneficia al escritor, abona a su oficio, agranda su experiencia, aguza su capacidad de observación, refuerza su capacidad crítica, aumenta sus posibilidades de escribir mejores versos a futuro.

Si un texto de tanto tallerear desaparece, está bien, no se pierde con ello, se gana; la eliminación de ese texto mediante el trabajo, la reflexión, la crítica y la honestidad, será parte en la escritura en el futuro de mejores textos, ese texto vivirá en otros, quizás no el texto en sí mismo, pero sí el trabajo, el aprendizaje, el mejoramiento del autor con ese texto. 

Nota: aunque lo publico apenas, de la escritura de este poema improvisado han pasado más de un año y medio y cerca de dos; Teodoro en aquel entonces no escribía, es decir, no escribía literatura, sólo yo; ahora Teodoro es también un creador, tiene siete años y está a punto de terminar su primero en la primaria -desde casa por la pandemia- y escribe, desde hace una semana, una historia de ficción a la que él mismo se refiere como su novela y que será, que es, sin duda, su primer libro, como él mismo dice también. De esa novela publicaré aquí, muy pronto, el primer capítulo.

Ángel Gustavo Rivas


Poemas | Narrativa | Ensayo y otras prosas | Loca esperanza de la vida mía

Loca esperanza de la vida mía, libro de poemas

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Loca esperanza de la vida mía, libro de poemas de Ángel Gustavo Rivas

Loca esperanza de la vida mía es un libro de poesía, el libro ha sido publicado de forma tradicional -es decir, impreso en papel- por el ISIC (Instituto Sinaloense de Cultura), y ahora está también disponible en Amazon, tanto impreso en papel como en forma electrónica. La edición disponible en Amazon es distinta un poco a la del ISIC, esta edición la he subido y publicado yo mismo a la plataforma de comercio electrónico, y algunas mínimas modificaciones le hice.

Los poemas que conforman Loca esperanza de la vida mía son diversos tanto en tema como en formato, hay desde el soneto hasta el poema largo fragmentado en verso libre, pasando por algunas variaciones de ocotsílabos que alguna reminiscencia tienen de la más antigua tradición de la lírica hispánica y, desde luego, poemas en verso libre de extensión diversa. Lo que principalmente los une y lo que sustenta la conformación del libro es que todos tienen que ver con la idea del entusiasmo y la esperanza, un tema común a todas las partes del poemario son la permanencia y el resurgimiento de La esperanza ante un panorama penumbroso y abrumador.

Este libro es una invitación, una propuesta para vivir la vida de buena forma, con esperanza y entusiasmo. Ambos elementos, para ser auténticos, deben generarse a partir de la propia voluntad, pero la voluntad, si falta o flaquea, puede producirse y fortalecerse y la poesía es -pienso yo- un medio, una herramienta muchas veces probada para lograrlo.

Loca esperanza de la vida mía obtuvo el Premio Interamericano de Poesía Navachiste 2018. 


Para conocer un poco más este poemario, te comparto algunos breves fragmentos que de él he publicado en diversos lugares, empezando por este mismo Jacalito Literario, algunos poemas en imágenes en redes sociales, uno o dos videos donde leo en Facebook y en Youtube y algún comentario de lectores que ya han leído el libro:


«Memoria» (el poema en texto publicado en este Jacalito)
«Memoria» (video alojado en Facebook)
«Hay un ojo en el papel» (poema en texto publicado en este Jacalito)
«Ayer posó una máscara en el día» (poema en texto publicado en El Jacalito del Fondo)
«Ayer posó una máscara en el día» (lectura en video en Youtube)
«Es vivir indigno el vivir con miedo» (poema en texto publicado en El Jacalito del Fondo)
«Es vivir indigno el vivir con miedo» (lectura en video alojado en Youtube)

Presentación online del libro Loca esperanza de la vida mía (evento que se realizó el 09 de agosto de 2020 )





La soledad de la palma en “Palma sola”, de Nicolás Guillén, por Ángel Gustavo Rivas

Aunque los seres humanos somos gregarios, es decir, vivimos en comunidad, no dejamos de ser individuos particulares cada uno, y cada uno con su propia subjetividad, con su propia forma de ver y de sentir el mundo, y estos sentires o sentimientos pueden ser comunicados sólo de una forma artificial, exterior, y necesariamente parcial, pues nadie puede sentir con nosotros porque nadie tiene nuestras fibras, ni nuestro sistema nervioso ni nuestro corazón; y es en este sentido que, aunque seamos gregarios y estemos rodeados de personas, estamos solos.
 
Esta soledad del individuo es el tema del poema “Palma sola”, de Nicolás Guillen. La palma es en el poema un ser solitario, un símbolo de soledad. La palma, por su propia fisonomía (o morfología o taxonomía) resulta de aspecto solitario, pues es delgada y alta, y es allá arriba, lejos, donde están sus hojas y sus frutos, donde está su vida, todo lo demás es un palo solitario con aspecto de estar seco, muerto, sin hojas, sin ramas, sin nada que conviva o haga contacto con otras posibles vegetaciones. Ramón Gómez de la Serna, en una de sus greguerías, dice: “Las palmeras se levantan más temprano que los demás árboles”, en lo cual hay implicada también una cierta soledad.
 

 
Tanto el título del poema como la oración que es la greguería de Gómez de la Serna, permiten un doble sentido o interpretación; el sintagma “Palma sola”, además de denotar soledad, falta de compañía en el más recto y literal sentido, puede también interpretarse como palma única, palma sin competencia, sin igual; y “Las palmeras se levantan más temprano que los demás árboles”, puede también entenderse o interpretarse por lo menos de dos formas, bien en el sentido prosopopéyico de levantarse a iniciar el día, bien en un sentido recto de crecer hacia las alturas. Como puede verse, las cuatro lecturas hechas aluden o implican finalmente la soledad. La palma es, pues, un símbolo adecuado para representar la soledad.
 
Tres estrofas tiene el poema, tres estrofas que pueden verse acaso como tres pequeños bloques temáticos, sobre la soledad todos: primera estrofa, soledad respecto a lo otro; segunda estrofa, el tema de la soledad desarrollado respecto (en torno) a la figura de la misma palma; tercera estrofa, el sueño como consecuencia y como posibilidad única de cambio.
 
Ángel Gustavo Rivas
 
Libro Summa poética, de Nicolás Guillén, en editorial Cátedra
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Este es un análisis del poema «Palma sola», desde luego subjetivo, como no podía ser de otra manera, puesto que se trata de un análisis del significado simbólico, y no de la forma -donde alguna objetividad todavía es posible-. Pero a pesar de ser una propuesta subjetiva, una serie de deliberaciones, en algo podremos quizá estar de acuerdo, en tanto que se basa en la significación de las palabras y de las cosas en cuanto signo, en cuanto representación. De cualquier manera, escucho cualquier opinión, podemos usar el área de comentarios o el email (formulario de contacto) para comunicarnos. Gracias por pasar a este Jacalito.
Puedes leer el poema en esta página; y puedes escucharlo en voz de Nicolás guillén en esta otra.


Más sobre poesía:
 
Jacalito Literario  /  Lengua y Literatura

Mi último Navachiste, o cuando a la nostalgia le sobran los motivos, Ángel Gustavo Rivas

Visité el Festival internacional de las Artes Navachiste por primera vez en  la Semana Santa del 2008; en aquel tiempo tenía yo varios meses trabajando como peón de albañil desde que me despertaba hasta que era de noche, como ayudante de mi padre; en realidad, mi padre era algo explotador, y eso de ayudante estaba convertido en un puro decir, en una cortesía de forma. Antes de estos meses de trabajo intenso y con jornadas largas, había cursado algo así como 1.2 ciclos escolares en la escuela de Letras de la UAS, y durante ese tiempo que fui universitario trabajé de otras cosas.
El caso es que cuando llegó el Festival de Navachiste, bastante harto ya de esa especie de esclavismo, de esa saturación de sólo aislamiento y trabajo, me lancé para la Isla de los Poetas por primera vez, junto con el Cota, que por ese entonces vivía en la hoy desaparecida casa de estudiantes Julio Antonio Mella de las UAS, mejor conocida por el apellido, “La Mella», le decían. Al Cota lo había conocido en la escuela de Letras y nos frecuentábamos  por esos días; él era un veterano de Navachiste, yo iba por primera vez.
Esa semana fui muy feliz, ni cruda tuve ningún día pese a todos los días tomar todo el día. No me bañé en los siete que duró el festival, estuve en la fogata oyendo música, leyendo y escuchando poesía, asistía al taller del maestro Ricardo Yáñez -a quien allí mismo conocí y con quien desde entonces tengo una amistad; conocí allí también a muchos amigos, a la poeta y dramaturga Zaría Abreu, al cantautor Franco Narro, al escultor y narrador Paulo Gregorio Martínez, “Gollito”, al poeta y dramaturgo Carlos Nóhpal, al poeta organizador, Antonio Coronado, a su pareja y compañera, Celia Cortés, o otros muchos amigos de varias partes de la República, incluida mi propia ciudad de Culiacán.
Navachiste resultó ser todo lo que necesitaba en ese momento, había lecturas de poesía todo el día, tanto en la palapa, que hacía las veces de auditorio, como en cualquier rincón de la playa; estaba el mar, me bañé en agua salada; estaba el mangle, la montaña, el monte; estaban los amigos pescadores, los amigos poetas, los amigos en general. En esta ocasión yo fui como trabajador, es decir, no pagué mi cuota por la semana con dinero, sino con trabajo, y eso me quitaba de vez en cuando de algo para ayudar con la descarga de una panga que traía hielo, o agua, o alguna otra mercancía.
El primer domingo, cuando llegamos, trasladamos muchas cosas: tomates, carrizos, papas, la gran hielera y muchos artículos más; la primera noche, la del domingo, dormí en esa hielera, en la costa, sobre las arenas de El Aparecido; a la mañana siguiente llevamos todo al punto exacto del festival, la pequeña playa de El Carrizo Colorado. La segunda noche, dormí tras la cocina, junto con otros chavos de los que estaban allí como trabajadores, nuestra casa era la lona que del techo de la cocina sobraba, yo llevaba sólo una o quizás dos cobijas, pero no casa de campaña; para la tercera noche, unos chilangos me brindaron casa y entonces dormí en casa de campaña. Conocí a una chica, estuvimos juntos esa semana y después nos vimos fuera de Navachiste, pero esa es otra historia.
Al terminarse el Festival, deseé volver siempre; y volví al año siguiente; no fue tan maravilloso como la primera vez, porque ahora ya sabía lo que era y porque ya no era nuevo, y porque… no sé por qué, pero de todos modos fue una experiencia muy buena, y nuevamente Navachiste fue bueno, y deseé de nuevo volver; el tercer año, 2010, la ida se dificultó, llegué el miércoles por la noche, medio festival transcurrido ya. En esta ocasión, después de que al llegar coloqué mi casa de campaña, amanecí tirado en el suelo, sobre la arena, bajo la palapa, desperté como a las seis de la mañana, y me fui a mi casita  a descansar un poco, casi todo el campamento dormía aún. De un Navachiste a otro había habido, en mis experiencias, una cierta decadencia. Esa fue la última vez que fui, o ha sido la última hasta ahora.
En esa ocasión, justamente la primera vez que no vivo el festival completo, sino de la mitad pa delante, Celia Cortés, quien por entonces se encargaba de la sección cultural de Río Doce, me pidió que escribiera una nota sobre el Festival, cosa que  yo hice con mucho gusto: pregunté, me enteré y redacté; la nota salió publicada en el semanario con el título “Navachiste, festival sui generis”, una de las cosas que en ella dije del Festival y que seguramente se habrá dicho y se seguirá diciendo muchas veces; cada vez que haya un visitante que llega por primera vez deberá sin duda darse cuenta de ello, y lo diga o no, lo entenderá así.
Seis años han pasado desde entonces, seis festivales, seis semanas santas en que no he vuelto a pisar la arena gruesa de Navachiste, en que no he vuelto a comer pescado frito sacado del mar un ratito antes, en que no saludo a muchos amigos navachisteros que sólo en Navachiste solía ver, seis años de no estrechar sus manos ni abrazarlos. A uno de esos amigos, a una amiga navachistera, ya no podré estrecharle nunca más la mano ni podré abrazarla nunca, Celia Cortés murió y yo me enteré a la distancia, por internet, creo. La tristeza que sentí, ni qué decirlo, fue profunda. Pensé inmediatamente en los amigos Juan David, hijo de Celia, y Antonio, esposo. Fue difícil para mí -siempre lo ha sido- dirigirme a ellos para decirles que lo siento mucho, que también yo lo siento mucho y que me conduelo con ellos. Lo hice, sin embargo; otro trago triste.
Esta es la clase de cosas tristísimas que no pueden dejar de pasar, la muerte de los amigos, un día seremos el amigo muerto y otros sentirán tristeza. Lo que me pesa sobremanera son esos seis años sin Navachiste, esos seis años en que tantas veces no vi a los amigos.  Sin embargo, la ausencia también permite a veces componer las cosas, y éste es el caso, mi ausencia fue larga pero me sirvió para recuperar una experiencia navachistera feliz, rompí la racha de decadencia progresiva y ahora estoy mejor. Hasta el párrafo anterior este texto lo escribí en el sexto año de ausencia, en el año 2016, lo he retomado y he decidido terminarlo porque he vuelto a Navachiste, volví el año pasado, en 2017, y volví otra vez en este 2018, y espero poder volver cada año, espero no volver a tener esas ausencias, no tan prolongadas al menos.
En 2018 obtuve el Premio Interamericano de Poesía Navachiste, ese Premio que es piedra angular del Festival; me siento sumamente feliz de ello; el libro estará publicado entrando el año 2019, lo presentaremos por primera vez en el propio Festival, en la próxima Semana Santa; y quiero agradecerle a Celia la confianza que siempre tuvo en mí, las invitaciones que siempre me hizo para ser parte del devenir cultural en ese Sinaloa nuestro que vivimos a pie, en que creamos arte y en que compartimos arte, en que el sol nos forjó fuertes las almas y también los cuerpos, para seguir andando, para hacer festivales, cuadros, libros. Por invitación de Celia participé las primeras veces presentando revistas, leyendo; ahora no hace falta que nadie me invite, como Navachiste es parte de mi vida de cierto modo, yo llevo siempre mis lecturas listas, yo me apunto, yo participo. Y de alguna forma Celia participa también, pues si es parte de nuestros pensamientos navachisteros, es entonces parte de nuestra actividad navachsitera, de nuestro Festival Navachiste.
Mi último Navachiste, ahora, es siempre el Navachiste próximo, el que está adelante.
Ángel Gustavo Rivas

Conoce la poesía de los poetas que han obtenido el Premio Interamericano de Poesía Navachiste desde 1992 hasta 2017, todos están incluidos en esta Antología poética de Navachiste, disponible para su compra -baratísima- en Amazon.
Antología de poesía de los poetas que han obtenido el Premio de Poesía Navachiste hasta 2017


Para que entiendas un poco más de lo que se trata, lee esta invitación y reseña del Festival Internacional de las Artes Navachiste.

En tiempos más recientes también escribí esta nota con amplia información sobre el Festival Navachiste.

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Nota: así como el texto de este artículo, la imagen de la bahía también es mía, y la tomé durante la semana del Festival Internacional de las Artes Navachiste 2018.

«Veinte poemas de amor… o leer poesía para entendernos mejor», Ángel Gustavo Rivas

 



Veinte poemas de amor y una canción desesperada es verdaderamente un clásico latinoamericano, un clásico de la poesía de amor, un clásico, en definitiva, universal, como todo clásico verdadero. La primera vez que leí completo este libro escribí poemas de amor y de tristezas durante una semana, por ese entonces vivía en la colonia Tabacalera de Ciudad de México y asistía a un taller de poesía con Ricardo Yáñez.
      El libro es corto, como ya lo deja sospechar su título, pues está conformado, como el nombre lo dice, por veinte poemas y una canción (otro poema, al fin); aclaro esto por aquello de «la primera vez que lo leí completo», la oración, sin embargo, es pertinente y exacta; y no es que haya intentado leerlo varias veces y lo haya dejado hasta que una vez por fin lo leí completo; lo que sucede es que algunos de estos poemas son tan famosos y conocidos, que todo lector de poesía conoce uno o varios de ellos antes de llegar a tener por primera vez un ejemplar del libro entre las manos (o en la pantalla).
      Y con esto último retomo el tema del libro como un clásico; esas cosas le suelen suceder a los clásicos, se vuelven, en diferentes modos y medidas, patrimonio de la lengua, patrimonio común de los hablantes, aunque de esto no todos los usuarios de la lengua lleguen a tener conciencia. Hay muchas frases provenientes de la literatura y de los libros en general que la gente utiliza aunque desconozca su origen; sobre este asunto he escrito otro artículo, y pronto lo compartiré para profundizar en ello y comentar frases del lenguaje cotidiano que se integraron a él después de haber nacido en obras literarias; por ahora quiero decir algún par de cosas más sobre Veinte poemas de amor
      Quién no conoce, si le gusta la poesía (y a veces aunque no le interese) el verso «puedo escribir los versos más tristes esta noche», prácticamente no hay hablante mayor de trece años, alfabetizado, que lo desconozca (sin duda habrá, estoy usando una hipérbole); así como casi cualquier lector ha oído o leído la frase «En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”, sin haber leído la obra de Cervantes.
      Porque, de nuevo, estas cosas suelen suceder con los grandes libros, esos que denominamos clásicos.
      En mi opinión, no se ven las cosas igual antes y después de ser lector de poesía, antes y después de cada lectura; aunque todos nos enamoramos y somos felices y somos infelices y experimentamos toda una gama de sentimientos y de sensaciones a causa del amor, o del enamoramiento, todo esto se vive de formas muy distintas si se es o no lector de poesía. Es, claro está, una opinión, habrá otras y  muchas que difieran, pero la mías es ésta.
      Y es que los poemas nos hacen sentir que es posible que otros nos entiendan, es un extraño proceso de inversión de la idea de comprender: uno siente, al leer esas líneas abstractas y subjetivas que son los versos, uno siente a veces que entiende lo que dicen o lo que quieren decir, y entonces, casi de inmediato, uno siente, en sentido inverso, que uno es comprendido, y así nace en muchos casos -tengo esta teoría- el gusto y el amor por leer poemas: la sensación, acaso ilusoria, de que los hombres podemos entendernos, de que lo inefable se pude finalmente compartir.
      Como todos los procesos suceden más rápido a medida en que avanzan los tiempos, cada vez más, así como la tecnología se vuelve más pronto obsoleta, así también es más fácil y más rápido que la poesía de determinados tiempos, que las obras en general de determinados tiempos, sea percibida por mucha gente como algo anticuado; hoy, por ejemplo, hay una cantidad de poetas que desdeñan escribir en verso rimado, y claro que antes de pensar que entre las posibles causas esté una probable dificultad para crear buenas obras en rima, me inclino a pensar que se debe simplemente a que son personas de su tiempo, de este tiempo ya tan revolucionado, ya tan moderno y posmoderno y hasta ultraposmoderno; y las sensibilidades cambian, es obvio.
     El párrafo anterior es largo, quizás perdí unos lectores en su transcurso, pero a ti que sigues leyendo, te comento que quizás la poesía de este libro para muchas personas resulte algo del pasado, pero en realidad la poesía clásica no tiene cercos de tiempo, como la literatura universal no los tiene de idiomas.
      Tantos adjetivos pueden hacer que la literatura parezca algo muy técnico, cuando se trata de una materia muy humana, lo que sí se tecnifica es el estudio de la literatura, pero aquí te invito no  estudiarla con tecnicismos, con conceptos teóricos, si no a leerla, a disfrutarla, a vivirte en ella, con ella, porque la vida tiene una posibilidad de extensión sensitiva con el arte; la experiencia tiene una posibilidad de extensión en el arte; el aprendizaje empírico es posible leyendo libros.
      “Yo la quise, a veces ella también me quiso», ¿no te sientes identificado? Quizás, si eres un lector muy joven o con poca experiencia, pueda pasar que no, aunque aun siendo eso dudo que no; pero sigue leyendo: «Era la boina gris y el corazón en calma», oración adjetiva con gran capacidad evocadora y adaptativa: ¿qué o quién era la boina gris y el corazón en calma? Para Pablo Neruda no sabemos quién, o qué; pero es bueno el verso, quizás te sirva para vivir un recuerdo de tu pueblo, de tu abuela, de tu mascota, de un libro, de un tiempo, de un amor, de un juguete, de un árbol, de qué sé yo…
      Los hombres, estoy seguro, podemos entendernos mejor si leemos poesía.

      Hay ciertas sensaciones que vivimos -en el presente o en el pasado- que no logramos realmente decir, describir, compartir de manera objetiva, pero oraciones del tipo «era la boina gris y el corazón en calma» nos abren acaso una posibilidad, es abstracta la cosa, pero a veces nos proporcionan al menos las sensación de sentir que nos comunicamos.
      Para leer el libro puedes ir a una biblioteca, a un librería, o buscarlo en internet; en este blog encontrarás enlaces de Amazon y otras librerías, puedes comprarlo por aquí, desde luego yo lo recomiendo. Sigo escribiendo por acá, y nos seguimos leyendo, colega de la humanidad.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada
Quizás te interese:
 


P.D. La imagen de esta página la he creado yo y no corresponde a ninguna edición existente, ¿no está nada mal, eh? Jejeje. Vuelve pronto! 😉


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Nota: este artículo incluye enlaces de afiliado a Amazon, si decides comprar el libro es probable que yo reciba una pequeña comisión, pero esto no afecta el precio del libro para ti.

 
Portada de Poemas completos de Cavafis, edición de Juan Pablos

«Poemas completos» de Cavafis, Ángel Gustavo Rivas


Breve resena de Poemas completos, de Constantino P. Cavafis, publicado por Juan Pablos en México

Este libro contiene, se supone, todos los poemas que escribió Constantino Cavafis. La colección de los poemas completos de Cavafis viene en orden histórico, en orden de aparición, de escritura. No incluye ni estudio preliminar, ni prólogo, ni introducción, ni ningún tipo de texto prefacial. Son los poemas, nada más.
El primer apartado es “Poemas anteriores a 1911”; de éste al último, “Poemas de 1933”, que incluye solamente un poema, hay un recorrido de veintidós años, sin embargo, la calidad de la escritura poética de Cavafis parece haber sido alcanzada desde los primeros textos. La recopilación muestra a un autor maduro desde los primeros poemas, un autor que encontró y alcanzó el tono de su lírica desde un principio y que lo llevó después a ejercicio plenamente, sumando no ya mejoría sino obra.
 
Cavafis es un autor de la experiencia; independientemente de lo que de realidad haya habido en las situaciones que sus poemas recrean, el grueso de ellos son eso, recreaciones, representaciones de experiencias, anécdotas, situaciones de la vida. Sus personajes, griegos, generalmente hombres homosexuales que transmiten su experiencia del goce del amor carnal o simplemente de la sensualidad, la apreciación de la belleza, el deseo; circunstancias peculiares o situaciones muy particulares como la pérdida del  patrimonio, del amor, el envejecimiento, la nostalgia, la impotencia, el desamor, son temas frecuentes en sus poemas.
 
La antigua Grecia no ha pasado de moda en la obra de Cavafis, y así como es posible encontrar entre sus poemas a un cristiano moderno, es posible también encontrar a Aquiles y a Príamo, a un sacerdote cristiano de la modernidad o a Apolo y su oráculo de Delfos. Su gran tema, sin embargo, es el amor homosexual, por eso, supongo, hay un apego y una exaltación de la Grecia antigua, con la sensualidad y el libre amor entre hombres. Algo tiene en común, por supuesto, con la poesía de Hölderlín, esa predilección por la cultura helénica, sus dioses y su forma de vida; nada que ver, por otro lado, la complicadísima sintaxis del poeta alemán con la poesía sencilla del griego. Otra diferencia es la distancia que guarda el personaje lírico de Cavafis de los dioses, no le interesan tanto ellos como los jóvenes hermosos; Hölderlín, en cambio, muestra un gran respeto por la teología griega, padre, llama al Dios olímpico Zeus.
La fórmula más común en este poeta  es el empleo de la tercera persona, y en segundo lugar, la primera persona para relatar sensaciones, sentimientos, o simples situaciones. A veces el recurso de la narratividad o el empleo de fórmulas o técnicas narrativas llega a ser bastante explícito.
 
 

Portada de Poemas completos de Cavafis, edición de Juan Pablos

 
 
 
Título: Poemas completos.
Autor: Constantino P. Cavafis.
Editorial: Juan Pablos.
Ciudad y año: México, 1987. Versión de Juan Carvajal. 200 páginas.
 
 
Ángel Gustavo Rivas
 
 
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