Calaveritas literarias mexicanas, Ángel Gustavo Rivas

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Libro de calaveras literarias de temas varios: políticos corruptos, empresarios delincuentes, oficios, las calaveras mismas. Un conjunto de calaveras con el clásico verso octosílabo, la apelación al humor, la crítica social y personal, la rima asonante combinada con la consonante.

Descripción

Libro de calaveras literarias de temas varios: políticos corruptos, empresarios delincuentes, oficios, las calaveras mismas. Un conjunto de calaveras con el clásico verso octosílabo, la apelación al humor, la crítica social y personal, la rima asonante combinada con la consonante. El libro se divide en dos partes, una extensa primera parte con calaveras recientes, actuales, críticas y humorísticas; y una segunda parte, más breve, con calaveritas literarias de años anteriores, de temas un poco más amables algunos, de temas similares a los de la primera parte otras pocas. Algunas calaveras, como las de los oficios y las de la reflexión literaria de las mismas calaveras (metacalaveras) son atemporales.
Calaverita de un panadero que con un pan se murió

Hasta una panadería
la muerte calaca entró,
pero ella pan no quería,
y ni charola agarró.

Se fue directo hasta el horno,
al panadero buscó,
un beso le dio muy hondo,
y el panadero murió.

El hombre, como es normal,
a la huesuda no vio,
para el beso la calaca
forma de dona tomó.

A escondidas comía pan
y un trozo se le atoró.
Entre pan había vivido
y por el pan se murió.

El pan le daba pal pan,
el pan la vida le dio,
qué jugada del destino,
el pan también lo mató.

El acta de defunción,
de esta manera quedó:
causa de muerte, asfixia,
causa de asfixia, glotón.

Ya hace siglos que Joan Ruiz
en su gran libro asentó,
que por exceso de gula
el hombre llega al panteón.

Cito aquellos buenos versos
pa que los goce el lector,
y al final agrego un rezo
por el alma del tragón:

“A Adán, el nuestro padre, por gula e tragonía,
porque comió del fruto que comer non devía,
echóle del paraíso Dios en aquesse día.”

Que Dios santo guarde el alma
del panadero tragón,
que le deje comer panes,
que no haya nunca dolor.
Que le quite las tristezas
que en la vida acumuló,
que le dé de pan un mil de piezas
que le sane el corazón.

Así murió un panadero,
por una dona que horneó,
pues cuando la degustaba,
la muerte un beso le dio.

Cuídense, los panaderos,
no coman en la labor,
no den pretexto a la muerte,
para su beso de amor.

Ángel Gustavo Rivas obtuvo en 2108 el Premio Interamericano de Poesía Navachiste, por su poemario _Loca esperanza de la vida mía_, también disponible en Amazon.

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